OPINIÓN / La moderna exclavitud

CABEZOTE FERNANDO PIÑEROSLa práctica abominable de la ESCLAVITUD existió en Colombia, como en otras latitudes de la tierra, que -en términos generales- se puede definir como la “situación y condición social en la que se encuentra una persona que carece de libertad  y derechos por estar sometida de manera absoluta a la voluntad y el dominio de otra.” Por fortuna, a partir del 1 de enero de 1852 se abolió esta tenebrosa actividad y se declaró la libertad de todos los esclavos en Colombia.

No obstante, en nuestra época moderna existe una nueva versión de la ESCLAVITUD, razón por la que la redefinimos como: “situación y condición social y económica en la que se encuentran los usuarios que carecen de libertad y derechos por estar sometidos de manera absoluta a la voluntad y el dominio de las Empresas Prestadoras de Salud, de las de Servicios Públicos Domiciliarios y de la DIAN”.

Hace poco el Ministro de Hacienda expresó: “Lo único que tenemos seguros son los impuestos y la muerte”. Algunos de quienes cuentan con empresas, industrias o comercios, pagan sus impuestos, pero una gran mayoría los evaden total o parcialmente. A los asalariados que -afortunados- tienen buenos sueldos, se les hace un descuento como pago anticipado de sus impuestos que, pomposamente, llaman “Retención en la Fuente”. Pero a todos nos obligan a pagar el 12,5% de lo devengado, que no es otra cosa que un impuesto disfrazado, dizque como aporte a la salud, dinero que va a parar en las arcas de las Empresas Prestadoras de Salud. ¿Prestadoras de qué? ¿De salud? ¡Mamola!

Y estos descuentos resultan ineludibles por el control fiscal que se hace sobre las nóminas. Pese a ello muchos patronos hacen trampa liquidando los aportes sobre el salario mínimo, cuando el trabajador devenga por encima de éste, pero a quien no le reconoce la diferencia entre el valor descontado y el pagado al sistema de salud. (Y, de contera, esto sí que afecta el ahorro pensional) Lo único bueno, en nuestra manera de ver, es que quienes, en salud, estamos en el régimen contributivo aportamos algo para el régimen subsidiado. Claro que el Patrono paga una parte y el trabajador otra; pero para el pensionado resulta más gravosa la situación porque se le descuenta el 12% de la ya menguada mesada que es apenas el 75% de los devengado al momento de esta novedad; esto es, tiene asegurado un descuento del 37% por ciento de su salario al momento de su jubilación. Si devengaba $1.000.000, una vez pensionado va a recibir $630.000 ¡Qué infamia!

Para analizar el grave problema del régimen contributivo y subsidiado en salud tomemos a la gigante SALUDCOOP. Fue creada en 1994 bajo la figura de Cooperativa con el fin de beneficiarse de las garantías que para entonces tenían los organismos de economía solidaria. Tuvo un auge creciente que, en cuestión de pocos años, logró ser la más grande Empresa Prestadora de Salud (EPS) tanto en capital como en cobertura. En 1998 inaugura la primera clínica de alta complejidad en Bogotá, llegando paulatinamente a 34 en el resto del país. En 2000 adquiere el Gimnasio Los Pinos (en Bogotá, no en Dosquebradas) para educar a los hijos de sus altos empleados; en 2002 compró la chilena EPS CRUZ BLANCA con sus 560.000 afiliados y en 2003 a CAFÉSALUD con sus 650.000 afiliados. También se hizo un hermoso y amplio condominio en el Meta, con canchas de tenis y golf para diversión de sus directivos. Era tan boyante la situación de la EPS que hicieron inversiones de capital en Chile y México. En resumen: su gerente, el tolimense Carlos Gustavo Palacino Antía, en 15 años montó un emporio que movía anualmente, más o menos, $2,5 Billones, tenía unos cuatro millones de usuarios y de un capital inicial de $2.700 millones pasó a casi $300 mil millones. Alrededor de SALUDCOOP giraba una serie de empresas satélites que le permitieron aumentar sus activos: vigilancia; lavanderías; proveedores de alimentos, medicamentos y de apoyo logístico; confección de ropa hospitalaria; de informática; cooperativas de trabajo para contratar enfermeras y médicos, etc.

Parece ser que a través de todas esas Empresas Satélites y de la misma SALUDCOOP se presentó, primero, una posición dominante frente a otras EPS y, después, hubo filtraciones, cada vez más grandes, de dineros que perjudicaron a la Organización Cooperativa, entre otras actividades “non santas” como altos e indebidos recobros al FOSYGA con los que se pretendió cubrir tales “filtraciones” de capital. Para entonces su gerente, el señor Palacino, devengada la media bobadita de $94 millones mensuales.

Ante tantas “asquerosas” piruetas y nauseabundas irregularidades, la Superintendencia Nacional de Salud en mayo de 2011 interviene a SALUDCOOP, intervención que fue prorrogada un año más en 2013 y, concomitantemente, se dieron el fallo y la ratificación del fallo de responsabilidad fiscal de la Contraloría General de la República contra dicha EPS.

Recién se cumplieron cuatro años con esa EPS intervenida y no se toma una decisión de fondo para beneficio de los afiliados y de sus algo más de 30.000 empleados. Definitivamente los más perjudicados son los usuarios, pues los empleados, por fortuna, siguen recibiendo sus salarios.

La crisis cada día es más grande. Se acaba de presentar la renuncia de un numeroso grupo de médicos especialistas en traumatología y ortopedia en Bogotá; en la Clínica de SALUDCOOP de Pereira hay crisis interna por varias vacantes de médicos y paramédicos; en Montería, Córdoba, acaban de cerrar la central de urgencias, la Clínica y la Central de Especialistas. En los dispensarios de medicamentos en Pereira y Dosquebradas no hay provisiones. Son largas, larguísimas, las filas que hay que hacer para reclamar un medicamento que, para el colmo, al momento de entregar la fórmula o receta, se recibe el temido: “no hay medicamentos; vuelva en dos días” y con seguridad también pierde el enfermo usuario el viaje. E indolentemente hacen caso omiso a lo dispuesto en el artículo 131 del Decreto Legislativo 019 de 2012, que señala: “SUMINISTRO DE MEDICAMENTOS. Las Entidades Promotoras de Salud tendrán la obligación de establecer un procedimiento de suministro de medicamentos cubiertos por el Plan Obligatorio de Salud a sus afiliados, a través del cual se asegure la entrega completa e inmediata de los mismos. En el evento excepcional en que esta entrega no pueda hacerse completa en el momento que se reclamen los medicamentos, las EPS deberán disponer del mecanismo para que en un lapso no mayor a 48 horas se coordine y garantice su entrega en el lugar de residencia o trabajo si el afiliado así lo autoriza. Lo dispuesto en este artículo se aplicará progresivamente de acuerdo con la reglamentación que expida el Ministerio de Salud y Protección Social, dentro de los seis (6) meses siguientes a la entrada en vigencia del presente decreto, iniciando por los pacientes que deban consumir medicamentos permanentemente.” (Negrillas fuera del texto original. Hemos resaltado)

Los usuarios de Dosquebradas tiene que ir ahora a la Clínica de SALUDCOOP en Pereira a exámenes de laboratorio; para tramitar cualquiera autorización, deben someterse al martirio de soportar, en sus oficinas de la 30 de agosto, más de una hora en espera para ser atendidos; como quedó dicho, no hay medicamentos en las farmacias y muchos usuarios, una gran mayoría del régimen subsidiado, no cuentan con los recursos para hacer reiterados viajes a reclamar medicamentos que nunca hay.

Creemos que ya es hora que se decida la suerte de SALUDCOOP: que se liquide o no, es decisión gubernamental. De nada ha servido su intervención. Los servicios cada día empeoran más. A los usuarios esclavos lo que les interesa es que funcione como real salvaguarda de la salud y de la vida del(a) cotizante y sus beneficiarios(as). Las autoridades municipales y departamentales de Risaralda deben unir sus voces para reclamar del Gobierno Nacional (Ministerio de Salud y Superintendencia de Salud) una pronta solución y una sabia decisión.

Una radiografía de nuestra esquelética salud: este miércoles, 19 de agosto, en la Cámara de Representantes se pretendía debatir la situación de la salud en Colombia. Iniciaron sesión 160 Representantes y el Ministro de Salud. Y ¡qué tristeza! terminaron 11 Representantes a la Cámara y el Ministro; y entre estos 11, ¡qué decepción!, ninguno de Risaralda. A los políticos les interesa más su salud electoral y la de sus áulicos compinches regionales, que la salud mental y física de todos los colombianos y las colombianas. ¿Y a eso llamamos democracia?

A estos, dizque Padres de la Patria, nada les interesa que los Juzgados se congestionen con avalanchas de tutelas y que las calles, a lo largo y ancho del país, se colmen de ciudadanos y ciudadanas protestando por los pésimos servicios de salud de las EPS, entre ellas SALUDCOOP.

¿Acaso no es esclavitud, moderna esclavitud, que paguemos para que las EPS, como SALUDCOOP, no dejen morir, y no precisamente porque queramos la eutanasia? Consecuencias de la Ley 100 de 1993. ¡Y lo peor es que ya olvidamos quiénes son los responsables de tal esclavitud!

ferpis7@hotmail.com

 

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