• ¿Morirá la paz?

    Angélica Ortiz es una digna representante de las mujeres colombianas que luchan de manera incansable por mejorar las condiciones de vida de su población y por preservar el medioambiente. Ella es la coordinadora de la organización Escuela de Mujeres Indígenas y otras formas de Sabiduría y, además, pertenece a la Fuerza de Mujeres Wayuu (Sutsuin Jiyeyu Wayuu). A partir de 2007, ayudó en la organización de la Caravana for Women por la defensa de su territorio, lucha que hasta el día de hoy continúa y que le ha valido muchos reconocimientos de entidades nacionales e internacionales que trabajan en pro de los derechos humanos de las minorías étnicas y de los líderes, que batallan arduamente por sus comunidades. De hecho, esta fue una de las razones por las cuales el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) la postuló para el Premio Nacional de Defensores de Derechos Humanos.

    Se puede decir que Angélica es una sobreviviente a múltiples amenazas en contra de su vida, por persistir, según los detractores, en el desarrollo de sus actividades. Muchos de los defensores del medioambiente y de las comunidades no han tenido la misma suerte: han sido cruelmente asesinados. El informe presentado por la ONG británica Global Witness, el 29 de julio del 2020, muestra una escalofriante realidad: en 2019 fueron asesinados 64 líderes ambientales. Colombia ocupa el deshonroso primer lugar en el mundo en el exterminio sistemático de las personas que, como Angélica, defienden la aspiración legítima de los seres humanos a  vivir en un planeta limpio, con agua abundante, y que luchan por el reconocimiento de los derechos que tienen las comunidades ancestrales a habitar sus territorios. Pero, ¿quién está asesinando a los ambientalistas?

    Al respecto, Ben Leather, uno de los investigadores del estudio denominado “Defendiendo el mañana”, es muy pesimista: no cree que se pueda conocer a los autores de estas masacres, ya que las acciones estatales no están arrojando resultados contundentes para castigar con todo el rigor de la ley a las oscuras fuerzas que perpetran tal genocidio. La reflexión que me surge ante estos hechos es la siguiente: ¿se puede alcanzar la paz en un país donde se extermina a quienes se atreven a defender sus territorios y sus comunidades? Los acuerdos de paz han ido languideciendo, especialmente, porque hay muchos intereses de personas y grupos con una gran influencia en la toma de decisiones estatales. Ellos aún siguen creyendo que la forma de alcanzar la paz es sometiendo a los contradictores, que si no se dejan, entonces los exterminan por la fuerza y la violencia de las armas. La paz es una ilusión que no debemos dejar extinguir.           

     

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    Uriel Escobar Barrios

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