Emoción y espiritualidad en las crisis

Ante una situación de crisis individual o colectiva, el sujeto y la comunidad reaccionan de acuerdo a una serie de paradigmas que han construido a lo largo del tiempo. Esto le permite al sujeto percibirse de una manera particular consigo mismo y en la relación que establece con sus congéneres. El descontento que ha estallado en Colombia desde el 28 de abril del presente año en una franja de la población muy numerosa permite a los estudiosos y analistas del comportamiento humano explicar algunas de las reacciones que se están presentando en el país. Hace algunos días un lector de la página web www.emocionyespiritu.org preguntaba cuál era la opinión que nosotros como grupo teníamos con respecto a la situación actual del país, y acotaba que “este estallido social termina resumiéndose al manejo de las emociones, las cuales desde mi punto de vista son aquellas que permiten la estabilidad mental. Además de la desconexión espiritual”.

Para contextualizarlos, Emoción y Espíritu es una fundación que se creó en Pereira en 2015, y su propósito es invitar a través de seminarios y festivales a que el ser humano se conecte con sus emociones y con su esencia espiritual como una vía regia para el autoconocimiento, de esa manera contribuye al desarrollo de un ser humano más pleno y consciente de sus potencialidades como individuo y como integrante de una sociedad, de un planeta y del universo. Retomando la inquietud planteada por dicho lector, es evidente que hay una fuerte influencia de la emocionalidad y la espiritualidad en las expresiones de las personas y las organizaciones en el marco del paro nacional. Los comportamientos están constituidos por la interacción dinámica de tres elementos, que menciono en el orden en que van apareciendo en el desarrollo psicoemocional del individuo: la emoción, la razón y la espiritualidad (o la conciencia).

El primer elemento implica el sentir como parte de nuestra herencia animal ancestral; el siguiente, los procesos de aprendizaje, que se inician en el estadio de crianza; y el último, los cuestionamientos sobre la existencia y de principios como la solidaridad, la empatía y el amor. El reconocimiento, la regulación y la apropiación de estos tres elementos es lo que posibilita una vida en convivencia, de alguien consigo mismo y con su entorno (semejantes, planeta y universo). El ejercicio de la violencia es el resultado de la expresión primitiva de impulsos no controlados por la razón o la conciencia; por el contrario, la armonía o la inteligencia emocional, como la han definido algunos investigadores, es la capacidad de una persona para expresar sus emociones, reconociendo que el otro (en este caso el contradictor) también las tiene y debe ser escuchado como única forma de establecer consensos en el contexto de una sociedad democrática y civilizada. www.urielescobar.com.co

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