• El futuro anacrónico de Petro

    Como apenas se abre campaña, pueda ser que las anacrónicas ideas leninistas de Petro, subido por Duque y las necedades de Uribe, puedan rebatirse antes que lo elijan.

    Todos critican su pasado en el M-19, pero nadie sale a decirle a Petro que es una burrada proponer la emisión monetaria sin respaldo para solucionar los ingresos de los ciudadanos.

    Ser candidato presidencial en Colombia es casi como convocar a que se abran las compuertas de la vida anterior de quien aspira a llegar a la Casa de Nariño. No parece que hubiese derecho a haberse equivocado en el pasado, mucho menos a arrepentirse o pedir perdón por los errores cometidos. Esa tendencia, que a veces se vuelve macabra y muchas veces injusta por el uso indebido en las redes de averiguaciones hacia atrás sin términos de comprobación, traspapela los verdaderos debates que el país espera que armen los candidatos sobre el futuro de la nación.

    El mejor ejemplo de ese trato es Gustavo Petro, quien hasta ahora parece condenado a ser por lo menos uno de los dos finalistas de la segunda ronda electoral. A él insisten en endilgarle con insidia su carácter de miembro del M-19 y su capacidad de haber generado violencia o sus actividades poco ortodoxas como alcalde de Bogotá. Poco o nada le han dicho por sus declaraciones del más profundo y anacrónico leninismo sobre el manejo monetario o el futuro energético colombiano que ha hecho por estos días.

    Para sus críticos y quizás para algunos de sus futuros rivales, el perdón y el olvido que cobijó al M-19 con la Constitución del 91 no parece existir y se lo refriegan con saña. Pero nadie sale a decirle que es una burrada proponer la emisión monetaria sin respaldo para solucionar los ingresos de los ciudadanos. Menos que le reviran demostrándole que no solo es una convocatoria a una inflación desbocada, peor que la vivida por Argentina en los últimos años, sino que es una de las ideas malvadas de Lenin quien predicaba que si se quería destruir un país bastaba con destruir su moneda. Y tampoco le ha salido ningún de los presuntos candidatos dizque a derrotarlo a controvertir su tesis de que como Colombia no es un país petrolero, debe configurarse una política estatal que prescinda de los empresarios y de los explotadores mundiales del hidrocarburo. Y no lo hacen porque tal vez ninguno de ellos ha leído sobre el Goelro, la plataforma energética que en 1920 montara Lenin para electrificar a Rusia y sobre ella construir su poderío industrial y así enfrentar al gran capital extranjero, tan maldito para el Lenin de 1920 como es para Petro en el 2021.

    Pero como la campaña apenas comienza, queda la esperanza de que las anacrónicas ideas leninistas del candidato, a quien entre el gobierno Duque y las necedades uribistas parecen hacerle calle de honor a la presidencia, puedan ser al menos rebatidas antes de que lo elijan. Ojalá que así sea. Ganaríamos todos.

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