Indudablemente el que haya ganado TRUMP contra todos los pronósticos, hace evidente que alrededor del mundo están sucediendo situaciones que vienen tocando la conciencia de los seres humanos acerca de la necesidad de que impere la justicia de manera franca y categórica frente a la turba de bandidos y desadaptados que quieren imponer su marca de terror a costa de lo que sea.
Una lectura del porque gano Trump la presidencia de los Estado Unidos, tiene que ver básicamente con el desplazamiento al que vienen siendo sometidos los ciudadanos norteamericanos por cientos de miles de inmigrantes que encontraron en este país la oportunidad de obtener unas mejores condiciones de vida y es ahí donde radican los graves problemas de una sociedad que durante las últimas décadas y producto de esta circunstancia vienen padeciendo graves problemas de seguridad y convivencia, debido a que detrás de muchísimas gentes buenas también llegaron delincuentes de todos los pelambres, que han convertido al país en un verdadero campo de batalla, atentando inclusive contra la seguridad nacional, como los actos terroristas ocurridos el 11 de sept y que seguramente el pueblo norteamericano nunca podrá olvidar y esto, sin lugar a dudas, fue la respuestas de la mayor democracia de todo el planeta tierra a sus actuales gobernantes.
Llegó a la Casa blanca un hombre sin compromisos distintos a los que esbozó al pueblo norteamericano, nada diferente a que Norteamérica es para los norteamericanos, un hombre dispuesto a devolverle la tranquilidad y la confianza a su pueblo, donde seguramente endurecerá la postura en cuanto a la aplicación de justicia no solamente en su país sino en el resto del globo terráqueo, porque para eso son el país más poderoso de todos. Indudablemente no comulgara con los atropellos que muchos gobiernos cometen con sus pueblos, sino que revisara los acuerdos en donde se pretenda dar impunidad a bandidos que pretenden convertirse en mansas ovejas como en el caso de Colombia.
Igual podría decirse de lo ocurrido en nuestro país en donde contra todos los pronósticos, un presidente despótico y llevado de su parecer quería imponer por la razón o por la fuerza unos acuerdos que violaban todo el orden constitucional que rige nuestra democracia y el pueblo colombiano le dijo NO. Era imperativo y así lo entendió el pueblo que no se podía permitir que un grupo subversivo que tanto daño le ha hecho al país se apoltronara en su ideología comunista y que en tres o cuatro años estuviésemos viviendo las mismas circunstancias que viven países como Cuba o Venezuela.
Alrededor del mundo lo que se necesitan son democracias fuertes, manejadas por gobiernos transparentes que solo tengan entre sus responsabilidades el bienestar, la seguridad de todos sus habitantes y que en ellas impere la justicia social con eficiencia y con criterios de ecuanimidad.
Colombia debe emprender una gran cruzada para recuperar la credibilidad en instituciones como las altas Cortes, el Congreso de la República y las entidades encargadas de vigilancia y el control. No podemos seguir acolitando que a estos altos cargos lleguen personas que solo buscan su favorecimiento personal y que amparados en sus altas dignidades sin rubor alguno generen fallos amañados, mas por el hecho de considerarlo su enemigo personal o político, que por la circunstancia de haberlo vencido en derecho y haberlo encontrado culpable.
Igual sucede con la inseguridad que se está viviendo en el país, el Gobierno Nacional y el Congreso de la Republica deben de acometer de manera urgente la necesidad de endurecer las penas de prisión y los castigos para los infractores de tanto vandalismo como el que a diario estamos viviendo.
No puede ser posible que tanto bandidaje siga apoderado de inermes ciudadanos que a diario se tienen que someter a los ultrajes de estos delincuentes. Los jueces y fiscales no pueden seguir siendo tan laxos en la aplicación de sanciones para quienes de manera reiterativa y ya casi en función de su profesión, a diario cometan infracciones y a los dos o tres días queden libres y sigan tranquilamente operando su criminal máquina de terror. O se endurecen las penas o nos traga la delincuencia.



