The New York Times: La paz en Colombia se está desintegrando

RAM / El diario The New York Times publicó en su edición de este viernes una editorial titulada “La paz en Colombia es muy preciada para abandonarla”, en la que dice que casi tres años después de un acuerdo con las Farc que parecía imposible, “la paz podría estar deshaciéndose”.

En el texto dice que si eso ocurre sería un desastre para el país, para la región y para la democracia. Señala que mientras la antigua guerrilla se desarmó y muchos de sus integrantes regresaron a la vida civil, el gobierno ha ignorado promesas de apoyo rural y desarrollo que son fundamentales para el acuerdo de paz.

Agrega que alrededor de 3.000 milicianos han retomado el combate y el Ejército ha aumentado los ataques contra organizaciones criminales. Esto mientras los reportes señalan que paramilitares y bandas han asesinado a cerca de 500 activistas y líderes y más de 210.000 personas han sido desplazadas.

La editorial menciona que el presidente Iván Duque y sus aliados de derecha “han saboteado los avances pacíficos” en los que el gobierno debía trabajar junto a los exguerrilleros para sustituir la producción de hoja de coca, y ha recortado los fondos para esas iniciativas. Y afirma que también busca mayores castigos para los excombatientes, lo que podría acabar con el acuerdo.

El diario le pide a Estados Unidos que mantenga su compromiso para que el acuerdo siga vivo, destacando que las evidencias muestran poco interés por parte del presidente Donald Trump.

The New York Times responde carta del gobierno de Colombia

El diario The New York Times respondió este jueves los cuestionamientos del canciller Carlos Hollmes Trujillo y el ministro de Defensa Guillermo Botero al artículo “Colombia Army’s New Kill Orders Send Chill Down Ranks”, que en el país se interpretó como un posible retorno de los llamados “falsos positivos”.

“En ningún momento el artículo sugiere que el ejército colombiano ha emitido órdenes ilegales o inconstitucionales”, señala uno de los apartes.

Esta es la respuesta del The New York Times

Re: S-DM-19-020944

Carlos Holmes Trujillo García Ministro de Relaciones Exteriores

Guillermo Botero Nieto Ministro de Defensa Nacional

Estimados señores:

Agradecemos su respuesta al artículo “Colombia Army’s New Kill Orders Send Chill Down Ranks”, publicado el 19 de mayo de 2019. Apreciamos mucho su atención a este asunto y la oportunidad de discutir en detalle sus preocupaciones.

En su carta, ustedes señalan que el artículo “sugiere que miembros de las Fuerzas Armadas han recibido instrucciones contrarias a nuestra Constitución y a nuestra legislación y que desafían los derechos humanos internacionales y el derecho internacional”. 

Discrepamos respetuosamente con dicha caracterización. El artículo cita las órdenes emitidas por el mayor general Nicacio Martínez Espinel y no afirma ni sugiere que sean ilegales. De hecho, el artículo no menciona la Constitución colombiana, las leyes colombianas ni el derecho internacional en absoluto, excepto en una ocasión en la que el artículo cita específicamente al general Martínez cuando dice que el mandato del ejército es seguir la ley y respetar los derechos humanos. 

“El respeto a los derechos humanos es lo más importante”, dice la cita atribuida al general en el artículo. “Todo lo que hagamos tiene que estar en el marco de la ley”.

En ningún momento el artículo sugiere que el ejército colombiano ha emitido órdenes ilegales o inconstitucionales. De hecho, la única referencia a la legalidad de dichas órdenes viene del mismo general, cuando dice que la orden por encima de todas es respetar la ley y proteger los derechos humanos. 

En su carta, ustedes también indican que el artículo “convenientemente no refleja” las respuestas detalladas del general Martínez y se refiere a documentación oficial que es “citada parcialmente y sacada de contexto”.

En este punto también discrepamos respetuosamente. El artículo cita al general Martínez de manera extensa a partir de la entrevista que tuvimos con él, y le otorga amplio espacio para explicar las órdenes y el contexto en el que fueron emitidas.   

 Por ejemplo, en su carta dicen que “los formidables desafíos que Colombia enfrenta en el campo de la seguridad exigen el refuerzo y la intensificación de acciones eficientes por parte de las autoridades con base en objetivos claros y blancos definidos, con el propósito general de recuperar la iniciativa estratégica y demostrar con firmeza todas las capacidades del Estado para obtener resultados oportunos y sostenibles”.

Creemos que esto es precisamente lo que se cita de las declaraciones del general Martínez en distintas partes del artículo. He aquí un ejemplo:

El mayor general Nicacio Martínez Espinel, comandante del ejército de Colombia, reconoció haber emitido las nuevas órdenes y exigir que los oficiales establezcan objetivos concretos para matar, capturar o forzar la rendición de los grupos criminales y rebeldes.

Dijo que había emitido una orden por escrito que instruía a los principales comandantes a “doblar los resultados”, explicando que había llegado a esa decisión debido a la amenaza que Colombia sigue enfrentando por parte de las organizaciones guerrilleras, paramilitares y criminales.

“La amenaza criminal se incrementó”, dijo. “Si seguimos al ritmo que veníamos anteriormente no vamos a cumplir los objetivos”.

El artículo también indica de manera inequívoca —en la voz del autor— que Colombia enfrenta un momento difícil en el que la paz ha sido difícil de consolidar, a pesar del acuerdo de paz de 2016, lo que ejerce una enorme presión sobre el país. Creemos que el artículo es bastante claro e incuestionable al explicar los difíciles desafíos que enfrentan las autoridades colombianas. Aquí hay un ejemplo:

Las nuevas órdenes indican un aumento en las campañas militares contra la guerrilla y los grupos paramilitares en Colombia, un país que hace apenas dos años logró firmar un acuerdo de paz con el mayor grupo guerrillero de la nación, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La paz ha sido difícil de alcanzar. Muchos excombatientes han regresado a la lucha armada, mientras que otros grupos criminales y paramilitares han ampliado su control sobre diversas regiones del país.

El Ejército de Liberación Nacional, un grupo rebelde que no ha firmado ningún un acuerdo de paz, ejecutó un atentado con un coche bomba en Bogotá en enero.

Colombia también está bajo la presión del gobierno de Donald Trump para mostrar resultados en la lucha contra el narcotráfico, una estrategia que ha tenido pocos progresos a pesar de los 10.000 millones de dólares de ayuda estadounidense que recibe el gobierno colombiano.

En su carta se dice que “citamos parcialmente” las órdenes. Pero las órdenes que revisamos son bastante escuetas; en muchos casos se trata de una sola línea. Citamos dichas líneas y ofrecimos al general Martínez la oportunidad de confirmar la existencia de esas directrices —lo cual hizo— y de explicarlas con mayor detalle. Después publicamos su explicación, a pesar de que dicha explicación contradecía el lenguaje de las órdenes que él había firmado. 

Por ejemplo, el lenguaje de las órdenes claramente indica a los altos mandos “duplicar los resultados operacionales” de las acciones del ejército.

Sin embargo, le dimos al general la oportunidad de explicar que sus órdenes habían sido malinterpretadas por los oficiales bajo su mando y sacadas de contexto: 

Aun así, el general cuestionó cómo los oficiales han interpretado sus instrucciones.

“La orden que hay es de ser operacionalmente efectivos”, dijo. “Unos me dijeron superar el 10 por ciento. Listo, usted quiere superar el 10. Otros dijeron: ‘Yo quiero hacer el 50 por ciento más de las afectaciones, pero nunca de muertos’. Otros: ‘Yo quiero hacer el 100 por ciento’. Hay unos que la han cumplido, otros que no la han cumplido”.

Hicimos esto específicamente para darle al general la oportunidad de proveer contexto adicional a las órdenes. 

En su carta, ustedes también se refieren al uso de fuentes sin nombre y dicen que “sin proveer particulares”, de tal modo que resulta imposible establecer “la veracidad de estas versiones”. También discrepamos respetuosamente con dicha afirmación. El artículo deja claro que hay oficiales de alto rango con conocimiento de primera mano de las nuevas órdenes, de cómo se emitieron y de las preocupaciones que dichas órdenes suscitaron entre algunos miembros del ejército. El artículo dice claramente: 

Dos de los oficiales que hablaron con el Times dijeron que estaban activos durante la época de los asesinatos y fueron ascendidos de rango en períodos subsiguientes.

También dijeron que hubo un cambio importante cuando el general Martínez convocó a una reunión de sus principales oficiales en enero, un mes después de asumir el mando.

La reunión incluyó a los cincuenta principales generales y coroneles del país, quienes se reunieron en un hangar en las montañas afuera de Bogotá. Muchos estaban ansiosos por saber si habría cambios con el nuevo liderazgo.

Después de un descanso, los comandantes regresaron a las mesas donde encontraron un formulario para cada uno de ellos, dijeron los oficiales. El

documento tenía el título de Planteamiento de Objetivos 2019 en la parte superior y había un espacio para que cada comandante firmara en la parte inferior.

El formulario les pedía a los comandantes que enumeraran en una columna la “suma aritmética de presentaciones voluntarias, capturas y muertes en desarrollo de operaciones militares” de varios grupos armados durante el año anterior, y luego debían establecer una meta para el año siguiente.

Algunos de los comandantes parecían confundidos, hasta que recibieron la instrucción de duplicar su número este año, dijeron los oficiales.

Poco después, recibieron la misma orden del general Martínez por escrito.

“La meta es doblar los resultados operacionales en todos los niveles del mando”, dicen las órdenes, que tienen su firma.

Todo lo anterior se le presentó al general Martínez durante nuestra entrevista y nada de ello fue disputado por el general durante la conversación. Su única objeción fue que, según él, no le ordenó a los comandantes que “duplicaran” sus resultados, a pesar del hecho de que sus órdenes sí piden dicho incremento por escrito. Aun así, el artículo incluyó su postura de que los oficiales habían malinterpretado sus órdenes. Una vez más, fue un intento deliberado de incluir su postura y sus comentarios tanto como fuera posible, para no dejar fuera detalles y contexto clave.

Estamos profundamente comprometidos con cubrir de manera justa y precisa todos los países. No tenemos una agenda política ni nos interesa promover la ideología de ninguno de los lados involucrados en el conflicto en Colombia, ni en ningún otro país. 

Tenemos el compromiso de darle a las autoridades amplia oportunidad de defender, explicar y contextualizar sus acciones y decisiones. Creemos que esto queda evidenciado con el hecho de que específicamente hemos brindado al general múltiples oportunidades de dar su versión de los eventos, incluso cuando contradecía las palabras que había usado en sus propias órdenes. 

Apreciamos enormemente la oportunidad de discutir estos asuntos en detalle con ustedes y esperamos tener la oportunidad de hacerlo en el futuro. 

Atentamente, 

Dean Baquet,

Editor ejecutivo

The New York Times

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