• Alejandro, Sergio: cada uno tiene que ceder… ¡se puede!

    ¿Que no fueron capaces de conversar y llegar a acuerdos Alejandro Gaviria y Sergio Fajardo? No solo son grandes líderes sino, también, portadores de inmensos egos.

    Rafael Orduz Medina / Opinador

    ¿Será, de nuevo, una ilusión la del centro? ¿Volverá a ir dividido a la primera vuelta de las presidenciales para obligar a la gente a que vote por miedo en la segunda?

    Lujo de líderes los del centro, dentro y fuera de la Coalición de la Esperanza: Sergio Fajardo, Alejandro Gaviria, Humberto de la Calle, Jorge Enrique Robledo, Juan Manuel Galán. Cualquiera de ellos podría atraer los votos de una mayoría de ciudadanos que quiere cambiar los ejes del discurso de la política colombiana que en el 22 completa dos décadas. Y cualquiera de ellos sería excelente presidente.

    En medio del más profundo cambio, exponencial, que las tecnologías están provocando en todas las esferas, trastornando las formas de aprender, de producir riqueza, que se disemina a una velocidad nunca antes conocida por la humanidad, en años en los que el impacto del cambio climático no da respiro, ¿nos daremos el tiro en el pie permitiendo que Colombia siga anclada en la agenda caduca y la convocatoria basada en los miedos, de espaldas a los cambios profundos? ¿Seguiremos en la indiferencia frente a los asesinatos de líderes sociales, a la paz naufragando, a la rebaja crónica del presupuesto a la ciencia?

    Muchos quisiéramos que algunos eventos de la semana pasada, relacionados con el encuentro de precandidatos del centro, quedaran sepultados. Que no hubieran ocurrido, que se borraran de la memoria. ¿Que no fueron capaces de conversar y llegar a acuerdos Alejandro Gaviria y Sergio Fajardo? No solo son grandes líderes sino, también, portadores de inmensos egos

    Es increíble que, justamente, en la franja, la del centro, la que se jacta del respeto a la diversidad, particularmente de opiniones, estén comportándose sus líderes como serbios y croatas de los 90, trazando límites territoriales a partir de sus concepciones estrechas de la pureza política. En este país hastiado de intolerancia.

    Tienen que reflexionar, tienen que ceder, tienen que unirse.

    El centro, se supone, es democrático. Serlo, en este país tiene varias connotaciones: respeto por la diversidad, por la vida, por la paz, el medio ambiente. Esos son los requisitos básicos. Se traduce en agendas programáticas que todos los los precandidatos del centro, en el fondo, comparten.

    Las posiciones democráticas no son de patrimonio de una u otra línea. La líder del mundo democrático en lo que va del siglo XXI ha sido la conservadora (CDU) Angela Merkel que culmina 16 años de canciller alemana (primera ministra) en diciembre. Ha dejado atrás a liberales connotados del tipo Blair, paquetazo chileno que parecía la esperanza liberal hace 20 años, que acolitó la teoría falsa de las armas de destrucción masiva en Irak, o al socialista francés Holland, de pensamiento y práctica burocráticos. Se equivoca Alejandro Gaviria si cree que los liberales son demócratas y los demás no; se equivoca Fajardo si cree que no hay demócratas entre los liberales y los godos.

    Llegar a la segunda vuelta requiere de una candidatura única de centro… y, por supuesto, de votos. Los votos están en buena parte del espectro político, incluyendo millones de liberales y conservadores hastiados de la agenda de marras. A nombre de la pureza académica, entonces, ¿hay que mandarlos al diablo? Le escuché a una mujer mayor, liberal: “Votaría por el centro, pero, por favor, ¡no nos insulten!”

    Hablar y negociar se puede. Como ocurrió, durante años, entre el equipo negociador del gobierno nacional y las Farc. Como está sucediendo en estos momentos en Alemania, cuando se arma la gran coalición que sustituirá al gobierno actual y que llaman del “semáforo”: verde, roja (social-demócratas), amarilla (partido liberal). Si los partidos Verde, Socialdemócrata y Liberal estuvieran en Colombia no se hubieran atrevido a acercarse. A ojos de este último, los dos primeros serían unos despilfarradores del erario público, amigos de reformas tributarias progresivas y molestos ambientalistas, mamertos. Viceversa, para los verdes y socialdemócratas, los liberales serían, literalmente, los neoliberales sin corazón. Pues aprendamos: están hablando y están trazando la agenda de los próximos años en Alemania. Cediendo.

    Apreciados Sergio y Alejandro: ustedes se metieron voluntariamente en esto. Tienen la obligación de llegar a un acuerdo para que el centro vaya con candidato único a la primera vuelta. Dejen algo de su ego al lado. Probablemente uno de ustedes dos clasificaría de candidato. El otro, perfectamente, puede manejarle, al futuro presidente, la agenda educativa, de ciencia y tecnología, del medio ambiente. Robledo, la agraria, Galán, la de infancia y jóvenes, De la Calle, la política…

    Reúnanse de nuevo, sean generosos, cedan, comprendan que se necesitan votos, comprométanse a gobernar con nuevas prácticas políticas y con agendas que les permitan a los niños y jóvenes de hoy encontrar las oportunidades educativas y laborales en un país que deje atrás la violencia y el desinterés por los formidables retos que tiene por delante. De verdad, ¡se puede!

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