Vándalos y otros bichos

En medio del caos que ha vivido el país en la última semana debemos destacar que el derecho a la protesta tiene una garantía constitucional en su artículo 37 superior, siempre y cuando sea una manifestación pacífica. De igual manera, el derecho al trabajo (art. 25) y el derecho a la salud (art. 49), especialmente en estos momentos de crisis hospitalaria por razón de la pandemia.

En este sentido, los gobernantes deben actuar con prudencia e inteligencia para tomar decisiones que no afecten más a un sector de la población que a otro, pues no debemos olvidar que Colombia es un Estado Social de Derecho donde la población participa en una forma dinámica y cooperante.

Así las cosas, cuando un gobernante asesorado por los expertos de la pandemia, permite las manifestaciones públicas, que saben que después se convertirán en violentas, especialmente en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, con los resultados de pérdidas y daños millonarios del sector público y privado, pero de otro lado, ordena el confinamiento de la gente en perjuicio de la economía del país, sabiendo que somos una sociedad del rebusque con un 46% de su fuerza laboral, estamos ante una situación incomprensible donde enfrentamos tres derechos fundamentales: la protesta, la salud y el trabajo. ¿Cuál es primero?

¿Qué peligro representa un pobre vendedor de lotería que sale a caminar su ciudad para vender su producto y de ahí obtener unos pocos ingresos para el sustento de su familia? ¿Qué peligro genera un vendedor de plátano y naranja que sale en un carro de burro, desde la calle 17 en Barranquilla, rumbo a los barrios del norte, llevando esos alimentos y música caribeña (Sopita en botella)? ¿Cuál es el misterio y el trato discriminatorio?

En cambio, estas manifestaciones multitudinarias y con vándalos a bordo, no sólo acaban con el patrimonio público y bienes del sector privado, sino que aumentan la propagación del virus y arruinan al sector empresarial que genera más empleo que el sector público.

Esperemos dentro de 15 días cuando en estas tres ciudades los enfermos lleguen a los hospitales y se encuentren que no hay camas UCI. Lástima que en estos pacientes no vamos a encontrar a ningún dirigente sindical o a un politiquero populista, pues ellos están bien escondidos en sus casas dando órdenes virtuales utilizando a los idiotas útiles.

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