Esta semana desayunaba con mis hijos y alguno de ellos tocó el tema de cómo era la Semana Santa en mis tiempos de niñez, aclarando que apenas tengo 54 años.
Y entonces les conté que hoy en día la Semana Santa es totalmente distinta al respeto y solemnidad de otrora.
Para empezar, todo el mundo se abastecía desde el Domingo de Ramos y hasta el Miércoles Santo; de ahí en adelante hasta el Domingo de Pascuas no se conseguía una tienda abierta, tampoco una carnicería, panadería o restaurante que atendiera comensales.
Las relaciones sexuales entre esposos, e inclusive novios, creo que no existían, por temor a quedarse ‘pegados’, aunque suene chistoso ese miedo corría por todas partes. Había que aguantarse toda la semana. Después de 7 días de abstinencia venía la resucitación. Hoy en día ese temor se fue para la ‘porra’.
El silencio era total toda la semana, se hablaba en voz en baja. Todo era pecado; por ejemplo: si se barría o trapeaba era pecado, si se jugaban también.
Las emisoras cambiaban su parrilla musical por música clásica; hoy en día el bullicio tropical, la champeta y el reggaetón suenan por todas partes.
La televisora nacional presentaba películas de la Pasión de Cristo y todas las de su género.
Hace 20 ó 30 años atrás, era muy habitual que solo hubiera música y programas religiosos en la radio y la televisión, que se transmitiera el Sermón de las Siete Palabras por Caracol o el relato teatralizado de la Pasión, o bien una programación televisiva con informativos, pero sin teatros, ni concursos, ni juegos, ni dibujos animados.
No se permitía el corte de pelo; no se trabajaba en nada desde el jueves santo en adelante. La comida era suculenta hasta el jueves; de ahí en adelante hasta el domingo de la resurrección se comía moderadamente.
Nadie se bañaba el viernes santo por temor a convertirse en pescado. La vestimenta era más bien recatada y no se dejaba nada a la imaginación.
No se podían decir groserías; y quien fuera al río corría el riesgo de que se le apareciera un fantasma.
Los bebedores frecuentes hacían un extraordinario esfuerzo y se abstenían de beber alcohol toda la semana.
Si vemos como es una Semana Santa actualmente, nos encontramos con que es puro desmanes, excesos en todo, viva la diversión; pasó de ser una festividad religiosa a una fiesta de abusos, en la velocidad para alejarse y accesar a las playas, en culto al cuerpo y los placeres, en juegos y diversiones que nada tienen que ver con la práctica de una religión como la que presumimos los católicos.
Nos fuimos a los extremos; entre la obligatoria y poco motivante manera de conmemorar antaño y la irreverente y mundana forma de conmemorar ahora, Jesús debe estar concediendo el beneficio y el respeto de que sus hijos ejerzan su libre albedrío.
@FreddyFLopez / @risaraldahoy


