Filtran detalles sobre la emboscada donde murió alias Romaña

La redada que incursionó en diciembre en territorio venezolano para acabar con la vida del narcotraficante guerrillero Henry Castellanos, alias Romaña, fue ejecutada por 12 mercenarios, entre los que se encontraban cuatro estadounidenses que buscaban cobrar la recompensa, relató uno de ellos en una entrevista con la revista Semana.

Romaña era considerado como uno de los más sanguinarios jefes de las fuerzas disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que tras distanciarse del proceso de paz operaba una red de narcotráfico desde el estado occidental de Apure.

Romaña perdió la vida en una emboscada ejecutada a inicios de diciembre. Su muerte, que ocurrió junto a la de su lugarteniente Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, alias El Paisa, ha sido descrita como un golpe devastador para las operaciones de las fuerzas disidentes de las FARC, o Segunda Marquetalia.

Estados Unidos ofrecía una recompensa de $5 millones y Colombia otros $700,000 por la captura de Romaña, lo que despertó el interés de caza recompensas alrededor del mundo.

El mercenario entrevistado por Semana, de origen europeo, dijo que el plan para ubicar a Romaña había comenzado un año antes de su ejecución, cuando él fue contactado por contactos de las agencias de inteligencia de Estados Unidos y de la policía colombiana, con quienes había trabajado previamente en operaciones antinarcóticos.

El planteamiento no lucía nada fácil, debido a que Romaña se encontraba dentro de territorio venezolano, dentro de una zona en la que operaba con total seguridad.

Debido a ello, era necesario infiltrar la organización de alguna manera, lo cual comenzó luego que el caza recompenza hiciera trámites para contactar a dos ex compañeros de Romaña sobre quienes el jefe narcoguerrillero tenía mucha confianza, relató el entrevistado.

“Llegar a Romaña no era tarea fácil, pues se encontraba escondido en la selva amazónica venezolana, viviendo a sus anchas con un buen esquema de seguridad, que lo protegía y lo mantenía informado ante cualquier acción que pretendieran cometer en su contra”, relató el caza recompensas en la entrevista.

“Una acción militar directa era imposible, a Romaña había que caerle de otra manera, de la que él menos esperaba, como por ejemplo durante un negocio de drogas”, porque, según el mercenario, Castellanos era “un hambriento por el dinero’”y en Venezuela “estaba metido de lleno a la venta de cocaína”.

Los esfuerzos por contactar a Romaña tuvieron éxito y el narcoguerrillero fue informado que el caza recompensas representaba a carteles de droga en Italia que buscaban nuevas fuentes de suministros. Para generar confianza, el infiltrado participó en una primera compra de 500 kilos de cocaína a cambio de $100,000, que fueron suministrados por el Grupo Antiterrorismo de la Policía de Colombia, dijo el entrevistado por la revista Semana.

Romaña operaba desde fincas de entre 15,000 y 20,000 hectáreas en los llanos de Apure, protegidos por hombres armados y atendido por mujeres que cocinaban y preparaban pescado que sacaban de ríos. Para llegar hasta él, era necesario encontrarse primero con hombres de su confianza en una de las fincas para luego viajar en canoas hasta uno de sus campamentos.

El contacto hizo el recorrido en varias ocasiones por cerca de un año para poder ganarse la confianza de los narcoguerrilleros, llegando a veces con botellas de whisky y aguardiente.

Al aproximarse el momento de la ejecución, el caza recompensas infiltrado le dijo a Romaña que le tenía un negocio donde iban a ganar mucho dinero y que para ello debía ir hasta una pista clandestina donde aterrizaría una avioneta que cargaría la droga a ser enviada hasta Italia.

Aunque Romaña tenía dudas, terminó accediendo y apareció el día citado y recibió al mercenario en un campamento de Romaña ubicado en el llano de Elorza, Venezuela.

“La trampa estaba lista. Entre sus calzoncillos, el mercenario llevaba oculto un GPS para que las agencias que lo habían contactado para hacer el trabajo lo tuvieran monitoreado en tiempo real y los comandos que iban a ejecutar el plan tuvieran el punto exacto a donde debían llegar”, reportó Semana.

“En el campamento, Romaña ya tenía lista una lancha en Coromoto, desde donde salieron por el río Capanaparo con destino a la pista clandestina; el trayecto era largo, tedioso, por riachuelos, zonas que estaba acostumbrado el exjefe de las FARC, quien la mayor parte de su vida estuvo en el monte”.

El viaje duró dos días y para cuando llegaron el grupo de mercenarios que mataría a Romaña ya estaba camuflado en medio de la maraña; con antelación conocían la ubicación de la pista a la que iría Romaña, solo estaban esperando a que este hiciera presencia en el sitio.

El caza recompensas infiltrado dijo que Romaña se encontraba tranquilo, pensando que no tenía nada que temer dado a que se encontraba dentro de territorio venezolano y contaba con cerca de 12 guardaespaldas, todos hombres muy jóvenes pero expertos en acciones armadas.

Tras llegar, el mercenario le tomó una foto a Romaña y se la envío a los comandos que estaban ocultos entre el monte para confirmarles que se encontraba con el personaje. Romaña vestía una gorra, una camiseta, un pantalón camuflado y botas militares de color beige.

Cuando estos la recibieron, salieron de la maraña y atacaron sin contemplación, se presentó un duro enfrentamiento entre los escoltas y el grupo de 12 mercenarios, donde estaban los cuatro norteamericanos, cuatro exmilitares colombianos, dos desmovilizados y un menor.

Del lado de los mercenarios, ninguno perdió la vida en el enfrentamiento. Del otro lado, murieron Romaña y varios de sus hombres. También perecieron dos muchachas, una de ellas indigenas, que se encontraba allí.

Después de la emboscada, en el sitio llegó un helicóptero amarillo que sacó al equipo de mercenarios de la zona y los trasladó hasta territorio colombiano, señala el reportaje.

Fuente AP

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