Por: ORLANDO SALAZAR / Alcaldía de Pereira /
“Una vez yo estaba en la 20 con 8ª dando vía, en un resistero de sol, cuando llegó una señora y me dijo:
– Venga agente, hágame un favor, ¿a dónde se debe parar el agente para dirigir el tránsito?
Y yo le dije: pues en la mitad de la vía.
– No señor, detrás del pito. Y salió a las carcajadas por esa 20 para abajo…”
“Imagínese con un solazo de esos y que le salgan a uno con ese cuento”.
Antes de ser agente de tránsito, Gabriel Mape Suárez ensamblaba remolques a los camperos Suzuki, que para la época estaban de moda. Allí aplicaba los conocimientos de metalistería, soldadura y lámina y pintura que había adquirido durante su bachillerato en el Instituto Técnico Superior.
“Un primo que trabaja en el Instituto me dijo que hiciera el curso de agente de tránsito, y entonces dejé mis estudios en el Sena y me presenté a los exámenes”, recuerda quien hoy es el agente de tránsito con más años en la Institución.
Desde hace 36 años este padre de familia, orgulloso de su hijo militar y de su hija enfermera profesional, viste con rigurosidad la camisa azul clara y el pantalón azul turquí que ha identificado a ese grupo de hombres y mujeres que cumplen con la función de regular el tránsito en una ciudad que en la actualidad tiene 147.153 automotores, de los cuales 64.355 son motos (datos Instituto Municipal de Tránsito, a marzo de 2016).
“El ingreso era muy estricto. Los hombres no podían medir menos de 1.70 metros, y las mujeres, menos de 1.60 m. Luego, había que hacer un examen de ortografía y otro de cultura general, y si uno era admitido entonces se iniciaba el curso
con primeros auxilios, estatutos de tránsito, atención mecánica y orden cerrado (similar a la formación y disciplina militar)”.
Gabriel Mape recuerda que solo 30 de los 60 compañeros que se inscribieron pasaron la prueba, y de ellos, solo 10 eran nombrados. Mape lo logró.
“Yo recuerdo que la dotación era lo que habían dejado los otros, entonces terminábamos el turno, y teníamos que lavar el cuello y los puños de la camisa hasta que llegaran los primeros suelditos para poder comprar nuestros propios uniformes”.
Hoy, este agente de tránsito realiza labores administrativas: pasa revista a los agentes de tránsito, asiste a los puestos de mando unificados en eventos masivos y regula novedades viales cuando las circunstancias lo exigen. Además, se encarga de preservar el rigor militar que de alguna manera “toca” al Instituto, verificando la presentación personal de los agentes e impartiendo el orden cerrado.
Al celebrarse el pasado 19 de abril el día nacional del Agente de Tránsito, Gabriel Mape Suárez recuerda que en sus inicios le tocó una Pereira tranquila, con pocos carros, personas muy cuidadosas al conducir y en pleno auge la semaforización de la ciudad (década de 1980).
A lo largo de sus 36 años como agente de tránsito solo ha tenido un par de dificultades con conductores agresivos. “Hay personas intolerantes porque ostentan algún cargo o son amigos de algún funcionario de la administración, pero en los años que tengo de ser agente de tránsito hay que ver la parte humana; ver al conductor como un simple contraventor cuando comete una falta; no como un antisocial”, explica.
La historia de la regulación formal del tránsito en Pereira comenzó en 1975 con el señor Armando Londoño Uribe, entonces director departamental de tránsito de Risaralda, y mediante el Acuerdo 058 del 12 de septiembre de ese año conformó un cuerpo de agentes civiles de 15 hombres y 15 mujeres; en 1994 se presentó el Acuerdo 137 del 20 de diciembre para darle vida al Instituto Municipal de Tránsito, que inició su vida jurídica el primero de enero de 1996.
Gabriel Mape Suárez se hizo agente de tránsito el 13 de febrero de 1980, y desde entonces siempre ha estado “detrás del pito” como se lo enseñó esa espontánea ciudadana que lo dejó marcado con su anécdota, en la 20 con 8ª.


