
Por: ÁLVARO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
El café colombiano vive las “verdes y las maduras”. Pese a todo hay quienes vociferan: tomémonos un tinto, seamos amigos”.
Por un lado, se paga en la cotizada bolsa neoyorquina, a un dólar con 21 centavos la libra del grano nuestro. Lo que elevó su valor a la no despreciable suma de $750 mil pesos la carga. Haciendo la salvedad que no por el café sino por el costo a cambio del dólar.
A modestos pesos de hoy, el kilo se cancela a 500 en la gran parte de la tierra que poseen los 22 mil caficultores con que cuenta Risaralda.
Hoy una arroba se produce con 60 ó 70 kilos del exquisito pergamino.
El otro lado del trago amargo del calificado tinto que se saborea en gran parte del mundo, es que el verano le ha dado duro a su calidad por la ausencia del agua. Municipios como Santuario y Apìa han sufrido las consecuencias del enrarecido clima.
La cosecha principal que se recoge derivado de ello, es un atentado, comentó el ex delegado del Risaralda ante la Federación, James Maya.
En Belén, el principal productor de la rubiácea en la región, existe preocupación por lo que se vive. Claro que el cotizòn dólar, les hace sonreir en la crudeza de la recolección de este verde productor considerado hoy patrimonio de la humanidad de acuerdo con el Paisaje cultural cafetero vía UNESCO.
Mientras ello ocurre lágrimas del cielo se desgranan mojando la tierra en espera que el agua sea otra bendición para el empobrecido trabajador del campo.
Mientras tanto Conchita y su inefable jinete Juan Valdés, se apuntan a seguir fonda abajo en cuanto folleto o libreto televisivo, retratan el verde en varias tonalidades del camino cafetero.


