¿Tapaboca o lápida?

Medellín siempre ha sido un faro o punto de referencia para todo lo que tiene que ver con la modernidad, la tecnología, el control de calidad, la gerencia estratégica y hasta la inteligencia artificial en el manejo de la cosa pública, y especialmente en esta pandemia. Igual enfoque estamos viendo en Cali, Barranquilla y Bogotá, con respecto al Covid 19, donde estos gobernantes locales han puesto todo su empeño, inteligencia y dedicación. A estos alcaldes se les ve flacos y canosos, y sin vacuna.

Pero todo esto se ha derrumbado por la indisciplina social del pueblo, que se comporta irresponsablemente sin mirar la realidad dantesca que estamos viviendo: colas en los hornos crematorios, UCI al 100%, médicos y enfermeras que ya no dan más, totalmente cansados, con más de 70.000 muertos y una proyección de 100.000 para fin de año, y cementerios sin cupos. Desorden que genera caos hospitalario, parálisis en el aparato productivo y más pobreza, escenario especial para un gobierno socialista y populista.

Si yo fuera alcalde de una de esas ciudades, no metería un peso en camas UCI porque ese dinero se va a perder, tampoco ordenaría cuarentena total. Sólo pico y cédula, para mantener la reactivación económica. Este virus ya tiene locos a los científicos.

Sin embargo, iniciaría una campaña en los barrios populares obsequiando tapabocas, casa por casa, como se reparten condones en época de carnaval. Pero también, en las noches, saldría con una pantalla gigante con excelente sonido de un reguetón mostrando lo que ocurre en los hospitales y en los hornos crematorios del país. El mensaje musical tendría la voz de Maluma o de J. Balvin, y diría: te voy a llevar, te voy a llevar, te voy a llevar; y la semana siguiente: te llevé, te llevé, te llevé. O si quieren, algo más alegre, un vallenato: “La borrachera”, del grupo Kvrass, pues no hay cosa que más asuste que, como dicen en mi pueblo,  tener un gallinazo en el hombro con un palillo en su boca.

Mientras tanto, la policía seguirá imponiendo comparendos, por violación de la Ley 1801 de 2016, especialmente por el no uso del tapabocas y fiestas clandestinas, con una multa de casi un millón de pesos, que si no se paga, queda en el Registro nacional de medidas correctivas indicado en el artículo 184. Ustedes deciden: ¡tapabocas o lápida!

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