• Servidor público: un nuevo concepto

    Rousseau, en 1755, en un discurso sobre la desigualdad entre los hombres, dijo: “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. El no conoció a Colombia, y pensaba que el ser humano es bueno por naturaleza y que en su actuar con los demás, se dañaba. Sin embargo, en 1513 Maquiavelo fue más objetivo y dijo: “el hombre es malo por naturaleza”. América estaba recién descubierta. Por su parte, el filósofo Thomás Hobbes dijo la siguiente locución latina: “homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre. Hoy, ante las circunstancias que estamos viviendo, podemos decir con firmeza:  el hombre nace torcido y la sociedad lo endereza o lo tuerce más (retorcido). Hay muchos ejemplos.

    Bajo estas premisas, y sin desconocer la presunción de inocencia garantizada en todas las Constituciones de los países democráticos y en armonía con lo dispuesto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sería aconsejable que todo gobernante, al designar a una persona en un alto cargo, que tenga poder político y manejo presupuestal, tenga en cuenta no sólo su perfil profesional, su experiencia e idoneidad, sino sus condiciones morales, y estar vigilante de todos sus actos, especialmente en el manejo del dinero público, pues en cualquier momento el diablo lo puede tocar o engañar, para que el gobierno no se vea inmerso en escándalos que perjudican su imagen y credibilidad.

    Ahora bien,  si el Presidente de la República es un funcionario transparente y no acepta actos de corrupción, por qué va a permitir a otro que cometa errores o actos deshonestos?

    A su vez, por qué un Ministro permite tener a su lado a un Secretario General o un asesor especializado en malabarismo jurídicos, para direccionar la contratación pública?  Si yo soy transparente, a mi lado no crece un torcido.

    Retomando los principios enunciados al comienzo de este escrito, el gobernante debe estar vigilante de su equipo, como un entrenador de foot ball para que no le metan auto goles, pues él como gerente de la Nación debe tener control sobre todos los hilos del poder, especialmente los que manejan el presupuesto público, y pedir la renuncia del subalterno cuando las circunstancias políticas así lo exijan. Y no esperar que estalle el escándalo.

    Y como dijo Cayo Julio César: “la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo”.

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