La falta de comunicación con familiares, el consumo repetitivo de imágenes de la tragedia y los rumores en redes sociales pueden mantener al organismo en estado de alerta durante días, advierte una experta en Psicología.
Bogotá, agosto de 2026. Un terremoto puede generar consecuencias psicológicas incluso en personas que se encuentran a cientos de kilómetros del epicentro. La imposibilidad de comunicarse con familiares, la circulación permanente de imágenes de destrucción y la incertidumbre sobre lo que está ocurriendo pueden desencadenar ansiedad, hipervigilancia, insomnio y pensamientos repetitivos, aun cuando la persona no haya vivido directamente el movimiento sísmico.
Uno de los momentos de mayor tensión suele presentarse durante las primeras horas después de una emergencia, cuando las redes de telecomunicaciones pueden saturarse y resulta difícil establecer contacto con familiares o amigos.
El miedo también aparece a la distancia
La Dra. María Dolores Fernández Sánchez, profesora titular de Psicología de la Universidad Europea, explica que durante una emergencia el cerebro no responde únicamente al peligro físico, sino también a la posibilidad de una pérdida y a la sensación de no poder proteger a quienes se encuentran en la zona afectada.
Ante la falta de noticias de un ser querido pueden aparecer ansiedad, pensamientos repetitivos, hipervigilancia y una necesidad urgente de obtener información. Revisar constantemente el teléfono, actualizar las redes sociales o imaginar diferentes escenarios son conductas que buscan recuperar cierta sensación de control frente a una situación percibida como incontrolable.
Sin embargo, la especialista advierte que la falta de respuesta no significa necesariamente que haya ocurrido una tragedia. La saturación de las líneas, la falta de batería o el hecho de que las personas estén concentradas en ponerse a salvo pueden explicar temporalmente la ausencia de comunicación.
¿Qué hacer cuando aparece la ansiedad?
Para manejar estos episodios, la especialista recomienda combinar acciones físicas sencillas, como respirar lentamente, sentarse, beber agua y reconocer el entorno, con un mayor control de la conducta.
En lugar de realizar llamadas de manera compulsiva, aconseja:
- Enviar un mensaje breve.
- Establecer intervalos de espera antes de volver a intentar comunicarse.
- Buscar una persona de referencia en la zona afectada.
- Consultar información oficial y evitar rumores.
El impacto de las imágenes en redes sociales
Las redes sociales pueden ser fundamentales durante una emergencia, pero la exposición permanente a videos de destrucción, personas heridas, gritos y testimonios de desesperación puede aumentar la sensación de amenaza.
Una persona que se encuentra lejos del lugar del desastre puede experimentar una exposición vicaria a la emergencia. Aunque no haya vivido directamente el terremoto, la repetición de imágenes, audios y testimonios puede mantener activado su sistema nervioso y provocar dificultades para dormir, concentrarse, alimentarse normalmente o desconectarse de la información.
Por ello, la recomendación es establecer dos o tres momentos específicos del día para consultar las noticias, privilegiar fuentes oficiales y medios de comunicación contrastados y evitar la exposición continua a imágenes especialmente fuertes.
Cuidado con los rumores y falsas alertas
La incertidumbre también puede favorecer la circulación de audios y cadenas que anuncian supuestos nuevos terremotos. Según Fernández, compartir este tipo de mensajes puede generar una falsa sensación de estar ayudando cuando, en realidad, se está amplificando la alarma.
Antes de reenviar información, recomienda comprobar su origen, verificar si procede de una fuente oficial y preguntarse si realmente aporta una recomendación útil o simplemente genera miedo.
La especialista recuerda además que los terremotos no pueden predecirse con precisión en fecha, lugar y magnitud.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Sentir miedo, presentar sobresaltos, llorar, estar irritable o tener dificultades para dormir durante los primeros días e incluso semanas después de una emergencia puede formar parte de una reacción esperable y no significa automáticamente que exista un trastorno psicológico.
La alerta aparece cuando los síntomas persisten y afectan significativamente la vida cotidiana. Entre las señales que pueden indicar la necesidad de buscar acompañamiento profesional están:
- Recuerdos intrusivos.
- Pesadillas recurrentes.
- Sensación de estar reviviendo el terremoto.
- Hipervigilancia extrema.
- Crisis de pánico frecuentes.
- Incapacidad para trabajar o cuidar de los hijos.
- Uso de alcohol o medicamentos para intentar controlar la ansiedad.
Después del terremoto también hay que revisar la salud emocional
Para la especialista, la recuperación de una emergencia no termina con la evaluación de los daños materiales. Además de revisar edificios, carreteras y estructuras, también es necesario prestar atención a cómo quedó la sensación de seguridad de las personas.
Sobre la experta: María Dolores Fernández Sánchez es doctora en Psicología por la Universidad de Jaén y profesora titular de Psicología de la Universidad Europea. Cuenta con formación de posgrado en Psicología Jurídica y Psicología Clínica y experiencia en investigación, docencia, intervención psicológica y divulgación.


