Pisoteando la ética

En medio de este mar de corrupción que resolvió invadir las estructuras de la patria han comenzado a distinguirse, en medio de la barahúnda creada, algunos individuos no por ser guardianes del orden que antaño nos enorgulleció, sino precisamente por enarbolar ,sin vergüenza alguna, la bandera de la gran contradicción ética que encierra el oficio de representar a sus conciudadanos en los organismos de conducción del estado.

Es el caso de Jaime Luis Lacotoure Peñaloza, nacido en Villanueva, epartamento de la Guajira, abogado graduado en la Universidad del Norte, especialista en Derecho de los Negocios del Externado y magíster en Gobierno y Políticas públicas de Columbia University. Este discreto jurisconsulto ejercía hasta la mañana de ayer 21 de julio el cargo de Magistrado del Consejo Nacional Electoral a nombre de aquella organización política ahora agonizante llamada Partido Conservador.

Por efectos del compadrazgo electoral surgido en las ultimas contiendas y de la repetida estructura conque funcionan los focos de buhonería mal llamados parlamentos en todo el mundo, el señor Lacouture fue señalado por el nuevo presidente de los otrora godos, el señor Trujillo, exalcalde de Itagüí, como el candidato apropiado para desempeñarse en el cargo de secretario general de la Cámara de Representantes.

Abundaron las lisonjas pueblerinas en su tarjeta de presentación ante los congresistas que debían elegirlo. Trujillo redactó una perorata como las que se echaría Fernando Vallejo donde fuese congresista, pero el país solo recordó que había sido ese magistrado guajiro a quien le tocó la responsabilidad de dirimir la batalla final entre Polo Polo, el jacarandoso candidato de las negritudes y la hija del exsenador Juan Carlos Martínez.

Por supuesto pocos recordaron que también había actuado como uno de los magistrados que rubricó con su firma el 19 de julio la elección de todos los representantes a la Cámara que lo elegirían como secretario general de la corporación. Pedirles respeto a la ética a los miembros del congreso colombiano es una quijotada.

Como expresamente no hay impedimento que a un magistrado electoral se le acepte la renuncia por el Congreso en pleno para poder minutos después ser elegido para un cargo administrativo por quienes él había autenticado su elección, el señor Lacouture fue aclamado mientras la turbamulta que redactará las nuevas leyes no dejaba constancia alguna de que aupados por los militantes conservadores de Itagüí estaban pisoteando elementales normas de ética. Tenía que ser así, nadie lo haría, Lacouture es guajiro.

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