OPINIÓN / Una campaña política moderna

Hace unos 35 años un amigo y sus dos hijos introdujo en Macondo la práctica de las encuestas electorales que comenzaba su incursión en el ámbito nacional para medir la intención del voto en las campañas presidenciales. Casi lo linchan por ese atrevimiento tecnológico, pues el pueblo no podría creer que con unas pocas muestras al azar, se podría pronosticar unos resultados para determinar el posible alcalde ganador, cuando todavía se utilizaba la papeleta.

Ahora, a pocos días de comenzar el período inhabilitante, con miras a las elecciones de octubre de 2027, esta semana se inicia una ola de renuncia de funcionarios del nivel territorial y nacional para aspirar a cargos de elección popular, para descartar cualquier inhabilidad o incompatibilidad. En efecto, en más de 1100 municipios ya no solamente se realizan encuestas, sino que también los candidatos acuden al marketing político de asesores expertos en el tema, técnicos en redes sociales, analistas de datos que utilizan un software con la información estadística del proyecto político.

Hoy, la política moderna nace con la estructuración de un proyecto político de un buen candidato (no una buena persona), con un mensaje que emociona al elector, que deleite y mueva a la gente sin la pintura de confusos términos estadísticos de Harvard.

Una alcaldía o gobernación la gana quien tenga mayor peso específico de cualidades blandas, más que las maestrías o doctorados de su hoja de vida, sumado al apoyo de un dinámico y preparado equipo de trabajo que sepa vender el producto con el aporte de una buena estrategia electoral y el apoyo financiero suficiente para ejecutar el proyecto.

Por eso, en nuestro mundo político cuando se enfrentan dos candidatos de mucho billete duro, en una guerra a muerte por lograr su credencial no gana quien más dinero tenga y reparta entre la gente, sino el que más emocione al elector como lo hizo Mamdani para ganar la alcaldía de Nueva York con su liderazgo auténtico, humilde, divertido y batallador y con una campaña lúdica llena de mensajes y símbolos impactantes que entusiasman al votante más aburrido.

Entre dos candidatos con mucho poder económico y político gana el menos feo y quien más emocione al pueblo.

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