
Un aprendizaje personal, de redescubrimiento político y de credo, me ha hecho pensar en algún lugar momento, sobre la necesidad de acabar con el pensamiento sectarista en el contexto colombiano para el triunfo electoral de lo que se llama a veces despectivamente “derechas” y no recurrir a las tácticas del enemigo como el chisme, la criticonería y el ataque personal, sucesos que precipitaron el fracaso electoral del Centro Democrático en Colombia.
Hoy, vengo de la misa conmemorativa de los veinte años del asesinato del líder conservador histórico Álvaro Gómez Hurtado, un hombre, que, puede hacerse una retrospectiva crítica a su papel dentro del conservatismo colombiano, y su influencia en acaparar escenarios de nuevos liderazgos que renovaran y unificaran la vocación de poder histórica del conservatismo. Pero, sin entrar en ese debate, al ocasionar su muerte, los lazos criminales que todo el mundo sabe quiénes fueron, pero nadie se atreve a decirlo, ni la Justicia a actuar, ni a la Fiscalía –entidad que para mi juicio que soy crítico a la Constitución de 1991, pienso que fue uno de sus más grandes acierto, que necesita redireccionamiento de funciones, modernización y blindaje de la autonomía frente a las pugnas políticas de los Gobiernos de turno- que afirmó que no era crimen de Estado, sino un asesinato común.
El sectarismo, discursivamente vencido por Álvaro Gómez, pero en la práctica vencido por la tendencia conservadora nacionalista primero con el protagonismo del Mariscal Gilberto Alzate Avendaño en el Viejo Caldas –actual Eje Cafetero- y posteriormente con el ejercicio político de la Alianza Nacional Popular –ANAPO-.
Dirigida por el General Gustavo Rojas Pinilla, mediante la condena de la guerra partidista como método de defensa ideológica, la unión de las fuerzas nacionales con los movimientos sociales y cambios de los tiempos, sobre todo en el siglo XX, donde los cambios que se vivieron a nivel mundial fueron mucho más rápidos que en los siglos anteriores. Los acuerdos SOBRE LO FUNDAMENTAL, casi siempre generar amor, pureza, unidad y mejores resultados que las discusiones bizantinas y la violencia y resentimientos derivadas de éstas y las malas decisiones que emanan si se siguen como consejo.
La historia de la institucionalidad colombiana ha estado marcada por el sectarismo, que nació en muchos momentos de forma legítima, ya que el país después de la disolución de la Gran Colombia, hasta la promulgación de la Constitución de Rionegro, se vieron escenarios de desconfianza y levantamientos, e incluso varias amenazas de invasión extranjera. Pero, con el nacimiento del Partido Conservador en 1849, como resultado de los liberales moderados –o republicanos como los llama Gustavo Canal en la Historia Extensa de Colombia, publicada por don Salomón Lerner en los años setenta-, no obstante, esto siempre fue un disfraz para la conservación de privilegios de poder e imposición de puntos de vista hacia la sociedad. Incluso la libertad impuesta, puede ser vista como tiranía, como vieron los islamistas de Irán las reformas pro occidentales del Sha Resa Pavlevhi, que ocasionaron la rebelión de los ayatolás en 1979.
Esa visión, que me ha costado años entender, de que no es la ciega creencia a unos liderazgos personales, que en últimas, poco o nada les interesa la realización como personas, y de micro poderes, basados en la inacción que se genera cuando se tiene un jefe general sin iniciativa, dubitativo, que al modo de los monjes tibetanos o shaolines habla en metáforas y no da respuestas concretas, y otros imitan su estilacho para discriminar a quienes no están a su favor en las direcciones regionales de un partido, y las pugnas entre congresistas, concejales, asambleístas, entre otras. Esa situación, hizo perder credibilidad en el Centro Democrático, sin nombrar la escritura y ruptura simultánea de las reglas del juego, que en los partidos políticos se llaman Estatutos. En Bogotá, el candidato a la Alcaldía fue impuesto sin convención ni consulta por Uribe, porque le dio pataleta porque no ganó la Convención Nacional del candidato presidencial; ahora da la orden de apoyar a los concejales electos de Medellín y Bogotá a los alcaldes Gutierrez y Peñalosa, sin haber sido candidatos de la colectividad, y teniendo unas
Agendas peligrosas de Gobierno de sofocar en Medellín con más populismo ilustrado fajardista, pero en Bogotá, sostener intereses particulares peligrosos en cuanto a las privatizaciones, la degradación mercantil de la educación escolar, el avance de las constructoras en contra de los barrios históricos y tradicionales de la ciudad, creando un clasismo estatista, mucho más peligroso, incluso, que los doce años de la extrema izquierda en el poder. Yo, por lo menos, ME DECLARO EN LA OPOSICIÓN a dicho proceso, ya que como persona, antes que uribista, soy conservador, y como dijo Augusto Ramírez Moreno: “los conservadores son los auténticos insurgentes”. Con la espada de Julio Arboleda en la mano, puedo jurar estar de la mano del pueblo bogotano, haciendo resistencia a los procesos de degradación del bien común. Las banderas de los procesos sociales y las defensas de las autonomías NO ES PATRIMONIO NI INVENCIÓN COMUNISTA.
¿Se necesita recitar los 5 pilares o “huevitos” para trabajar por el pueblo? ¿Se necesita un empleo público para poder figurar y tomarse fotos con los congresistas y con Uribe, o en marchas o momentos con camisetas puestas, en las mismas redes sociales al lado de fotos en discotecas, bares y vacaciones de lujo, mientras hay compatriotas a punto de ser asesinados y otros en el exilio por defender una causa y la imagen de un caudillo? Simplemente No. El sectarismo uribista, o los sectarismos uribistas, que no son más que diferentes teorías sobre las sombras hechas por ciegos, que son personas que disfrazan frustraciones e intereses personales o de grupúsculo político o de micro poder regional, o corporativos en los directorios regionales y el nacional, sin contar el manejo de las Unidades de Trabajo Legislativo de los Congresistas, y las Unidades de Asesoría Normativa –UAN- de los Concejos y poquísimas alcaldías ganadas donde el profesionalismo y el mérito político aparecen poco.
Por esta razón, en nombre de las regiones importantes de Colombia huérfanas de congresistas de nuestra colectividad, como Risaralda, Quindío, Santander, Norte de Santander, La Guajira, entre otras, hago un llamado para que los uribistas y defensores de la institucionalidad, en homenaje genuino cambien la posición sectarea mediante la educación doctrinaria –no solo de uribismo, sino de la historia no reescrita de Colombia, elementos de ciencias sociales, ingeniería, dialogo popular- y sobre todo, frente a saber cuáles son los problemas reales de las comunidades y desarrollar tanto estudios, investigaciones científicas y sociales, como procesos de organización comunitaria para su ejercicio al margen de los intereses particulares y en favor del pueblo colombiano.
@armesto1989
PARA EL TINTERO: Totalmente en contra de la censura al humor, realizada por el Grupo Santodomingo a través de su canal Caracol Televisión al grupo humorístico Los Siameses, por las denuncias de supuesto “racismo” en su caracterización de un afrocolombiano en el personaje del Soldado Micolta, El Valle del Cauca, ha entregado aparte de la dulzura de la caña una modalidad de humor inteligente y de creatividad mental expresado concretamente en la ciudad de Palmira, visto en humoristas como El Flaco Agudelo, pionero del espacio televisivo Sabados Felices; Carlos “El Mono” Sanchez, Yermain, entre otros. Las autoridades municipales de Palmira, en ejercicio y electas deben realizar no solo una campaña de rechazo a las intrigas del señor Charrupí y su programa elitista y violento CHAO RACISMO, sino en realizar y apoyar desde los fondos y programas de cultura todas las formas de expresión literaria y de humor.



