Otra vez el gobierno carga con tirar fuegos artificiales. Va de cuenta – como siempre – con la taquillera idea de reformar caducas estructuras políticas. Lo que pasa es que en Colombia, las reformas se hacen de acuerdo con quien mande en el momento. Ideas de plastilina, maleables, pegadas a moldes atípicos pero con dueños.
Bipartidismo, el ahogamiento de la izquierda, medidas de golpe provenientes de la intervención al orden público, aislamiento de política que permitiera el ingreso a grupos excluidos por décadas, son una síntesis de un Estado sacudido por un Constitucionalismo arrastrado por múltiples intereses. Casi que la politiquería la han convertido en actividad ilegal.
Por eso hoy no se habla de ideas sino de negocios. Las macrocorporaciones de la contratitis interviniendo, capturaron, hicieron rehén la contratación por vías irregulares. Por eso hoy, las oficinas de contratación no tienen expertos sino abogados de sobra. En los pliegos, prima la medida de éstos. Por eso no hay peor guerrilla en Colombia que la corruptela.
Todo ocurre mientras las farc ofrecen un gobierno de transición y el gobierno responde con un tiro al aire en el ascensor que es el asomo de un nuevo rostro de la política. Se podrá escribir mucho pero creció la financiación ilegal de las campañas. Eso que el Estado financia todo, es multiplicar recursos para comprar votos. El clientelismo cuesta mucho y hacerse a ese control, tiene valores altos.
No es extraño que todo esto ocurra cuando se calienta un nuevo período electoral y se mueven los cacicazgos con asiento en el Congreso y el gobierno respira duro en la cabeza de nuestros Representantes. ¿Acaso, tuvo un valor, precio, el voto de un Representante o un senador, por el paquete tributario? Acaso, esto no va pegado ¿al proceso electoral en marcha?
El sistema político electoral colombiano, hace rato está en el quirófano. La política (con minúscula) no puede seguir siendo la gran excusa para trampear al ciudadano. Las reglas de juego, se cambian metiéndole “conejo” a la historia. Con facilidad de plastilina y absurda. Casi a un año de elecciones mayores.
Acaso, la desprestigiada clase política –como siempre la regla con sus excepciones – no pertenecen a un mundo asqueante, redondo y podrido, que se ¿abstiene de reformarse de verdad? Y cuando lo hacen es para quedar en lo mismo.
Por: ÁLVARO RODRIGUEZ HERNÁNDEZ



