Desde los albores de la humanidad y concretamente en el Jardin del Edén el comportamiento de Adán y Eva se veía ligeramente torcido cuando se trata de obedecer postulados, principios, instrucciones o normas de convivencia y cuya desobediencia dio origen al mal que reina en la tierra, pues mientras Adán ingería la manzana (fruto prohibido), Eva intentaba comerse la serpiente, ante la mirada impaciente del único ángel que los cuidaba sin armas.
Nacía así las bases históricas del poder político con todas sus bondades y vicios a que hace referencia el profesor Moisés Naim (violencia, dinero, tecnología, ideología, persuasión moral, espionaje y propaganda) en su libro La revancha de los poderosos. Una metodología perfeccionada hace 500 años por Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, cuando dijo: “el fin justifica los medios”. Y se armó tremendo desorden.
Ahora bien, en el mundo moderno las elecciones es el corazón de la democracia, actividad que hoy está amenazada por los siguientes factores:
1)Noticias falsas contra las entidades de la organización electoral creando desconfianza entre el elector, 2)Noticias falsas para desacreditar a los rivales en una contienda electoral, 3)Manejo irregular y tramposo de las encuestas de opinión, 4) Escándalos inventados utilizando las herramientas de la Inteligencia Artificial con videos y contenidos falsos, 5)La desinformación tendenciosa de algunos medios de comunicación y redes sociales para beneficiar a determinado candidato, 6)Incremento de la polarización patrocinada por plataformas digitales apelando al miedo y otras formas de persuasión, 7)Crecimiento de las granjas bots (bodegas), para manipular la opinión pública y distorsionar la realidad social, económica y política de un país. Y como dice el Chapulín Colorado ¿Quién podrá defendernos?
Sólo la capacitación del elector sobre el manejo del Estado y su estructura organizacional, para saber cómo le sube el agua al coco, organizando en cada municipio una Escuela de Liderazgo Estratégico como lo hemos venido proponiendo desde hace varios años en esta columna periodística para no caer en el infierno que nos advirtió Simón Bolívar cuando durante el Congreso de Angostura sentenció: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.


