OPINIÓN / ¿Candidatos inelegibles o impopulares?

Su condición de inelegible son prohibiciones que lo establece la Constitución Política o la ley. Por ejemplo, el artículo 304 Superior, prohíbe la reelección de un alcalde actual para el período siguiente; de igual manera de los gobernadores, según lo estipula el artículo 303 de la Constitución Política.

Hay otras condiciones, que no son legales, pero que contribuye al éxito de una campaña política y que le abre el camino para alcanzar su curul con más facilidad frente a sus contendores, son las famosas habilidades blandas (liderazgo, comunicación asertiva, inteligencia emocional, entre otras), que juegan un papel efectivo en la conquista del voto y el proceso de persuasión. Sin embargo, un candidato a un cargo de elección popular puede tornarse impopular y convertir su proyecto político en un fracaso cuando actúa con soberbia o prepotencia.

La soberbia tiene que ver con una actitud de superioridad creyéndose “la última Coca Cola del desierto”, ve a los demás por encima del hombro como si fuese un ratoncito en una quesera, postura emocional que produce rechazo y desprecio en la comunidad en la cual él piensa conseguir sus electores.

Mientras que la prepotencia es la actitud arrogante, tratando de imponer su voluntad y caprichos a cualquier precio, utilizando actos de patanería y de groserías, que alejan al candidato de cualquier posibilidad de empatía con la gente. Generalmente son personajes que no se dejan asesorar, pues creen que con su dinero o poder político pueden someter o humillar al pueblo, no sabiendo que en esta contienda electoral no hay enemigo pequeño, desconociendo el costo para conseguir el respaldo popular.

Una actitud contraria y que produce mejores frutos electorales es actuar con humildad, pues la humildad abre puertas. Ya lo decía Jack Trout (El poder de lo simple): “los hombres grandes son sencillos, y los mediocres ampulosos; por la misma razón que los cobardes son bravucones y los valientes no”. Deepak Chopra remata con un consejo inteligente: “la humildad es poner a funcionar la Ley de Dar, pues si deseamos recibir el beneficio de todas las cosas buenas de la vida, aprendamos a desearle en silencio a todo el mundo todas las cosas buenas de la vida”.

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