EL DEDO EN LA LLAGA / + Volteadas – menos acuerdos programáticos

CABEZOTE alvaro rodriguezEn el denso aire de la política electorera faltan por perpetrarse  más volteadas y cerrarse menos acuerdos programáticos.

La disputa apenas comienza y los de palabra firme, dudan. Negocian y se acomodan. Claro que no es nuevo ese paisaje cultural en la política nuestra de “cerrar negocios” clientelares. El rebaño se pasea aun por la estepa confundido entre los vientos de guerra que propone el lobo.

Yo soy el partido. La guerra del dedo alzado señalando y pactando, reemplazando la soberanía y el orden. A dentelladas. Queda un confuso partido conservador a la deriva y esperando por donde esculca para formar su propio nido. Vaya desgracia esa la de buscar pareja dentro la borrachera electoral risaraldense ya entrado el dueño del bar en gastos. ¡Plop!

El conservatismo es una mole de historia desecha en una licuadora. Està quedando de muchos colores.

La política en Risaralda no es de acuerdos, es de volteretas. Solo pocos en el escenario tienen no una ética de guerra sino el espesor mental suficiente para no seguir confundidos en la trinchera. Ha caído bajo la política nuestra donde la encuesta releva la dignidad en muchos casos.

A Víctor Manuel lo quieren destrozar por órdenes judiciales superiores, sabiendo que cabalga entre el pueblo. A Gallo, hace rato lo quieren “desplumar” por no someterse al imperio desleal. Le “fabrican” emboscadas nada nuevas y con francotiradores seleccionados. Hace rato saben quien maneja la escopeta y el fondo gris para urdir la trama final. Luis Enrique sigue sin cálculos afianzado poder no por encargo. A Israel, le quieren cobrar el capítulo no de su gobierno sino el “pasado no perdona” del actual.

Candidatos van y vienen entre el juego de la doble militancia, sometidos a la regla política del interés.

El Centro Democrático es un remolino chupa manchas que no expulsa sino que confunde. Nada lava, nada limpia.

El POLO – que no es alternativo- sigue entre sus “guerritas” internas saboteando un orden etéreo.

El liberalismo sufre de terribles convulsiones. Un movimiento pendular obsecuente con el poder de turno asustado con el desierto de poder que atraviesa sin cantimplora.

Esta política nuestra se revuelca barato. Ya vienen  más volteretas y menos acuerdos programáticos. Parece de casino. La decencia se pierde fácil o  hace rato se alquiló.

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