Las dos Primeras Damas o nuevas Gestoras Sociales del Risaralda y Pereira, son apianas.
Olga Patricia Salazar es una docente que conoció a su esposo en Pueblo Rico, ciudad donde vivía Sigifredo, hoy a la postre gobernador electo del Departamento.
Lina Muñetón Agudelo, es la esposa del doctor Juan Pablo Gallo, elegido alcalde de Pereira. Hace 10 años está vinculada como gerente de la empresa Estación Parque Olaya. Ella es Contadora. Lo conoció desde el banco universitario en la Libre de nuestra ciudad.
Al lado de otras mujeres metidas en la política, bien sea desde la Asamblea o los Concejos Municipales, ojalá ese grito de aliento femenino sea también renovador. Que alimente esperanzas de un nuevo Risaralda.
Un refuerzo transformador si es que en verdad buscan crear la Secretaría de la Mujer y la Familia, más allá del corte burocrático o del formulismo de llenar un escritorio. Fundamental hoy cuando la Mujer es mirada bajo perspectivas del empoderarse cada vez más y asumir un papel decisivo en esta sociedad excluyente.
Lina y Olga Patricia, son pues un ejemplo de juntar experiencias para el Cambio, como lo pregonaron sus esposos. Alimentan de paso, por su origen Apiano, un plan común para repotenciar esa localidad que crece su economía y requiere darle el empujón para que se convierta en un atractivo, en un sitio de interés regional aprovechando las condiciones clásicas de Paisaje Cultural Cafetero.
De allí – con buen sentido y de aplaudir – se esté pensando en un homenaje fraterno, de reconocimiento a dichas féminas, liderado por un buen hijo de esa tierra y un reconocido grupo de amigos, la que le duele y no se cansa de hablar con sentido humano, el empresario Jaime Velásquez Ospina.
Está en mora el alcalde electo Jorge Arboleda, de sumar esfuerzo a esta plausible idea.
¿Por qué no mirar, entonces, a Apìa como un nuevo Salento en Colombia.
Existen las condiciones naturales: -Hoy – con 17 mil habitantes- es el cuarto productor de café del Risaralda, el segundo en aguacates, tiene paisajes de neblina, cordillerano, verde extendido, 300 mil millones que se invierten en la vía o carretera al mar hacia Pueblo Rico, el exuberante turismo de parapente que crece como industria real, su arquitectura colonial, más de 400 músicos escalonados bajo la magia de Carlos Fernando Naranjo como un excelso valor humano tipo exportación como los cafès suaves, especiales, que produce y que se toman el mundo y el arreglo de más de 400 fachadas que el Ministerio de Cultura va emprender, el avistamiento de aves, surcada por tres parques naturales, le dan otro tonalidad diversa a esta Apìa regada de generosa amistad. De fraternidad sincera.
Aquí florece el viento como repartiendo saludos entre el esplendor del verde café y el calor abrigador de sus habitantes.
Es la hora de Apía. El Área metropolitana, su capital Pereira, deben dejar de mirar a la vecindad municipal como ciertas plantaciones humanas inviables. En vías de extinción. Trabadas en flujos económicos y en ciudades no pensadas para su desarrollo. Llegó la hora de apropiar mas progreso en distintas escalas para los municipios. Mirar con realismo y no de llenarlas de paliativos miserables.
Tampoco es la hora de la mezquindad para con los municipios. Es hora de apuntarle a desarrollos integrales y volcar la mirada hacia la región –región.
Volver los ojos al campo y ojalá – más el abogado Sigifredo – lleve profundidad a la estructura rural en marcha que se da silvestre en Risaralda.
Por eso la esperanza tiene nombre de Mujer y de Apìa. Ojalá sus esposos consideren que el territorio es uno que merece planificarse y ordenarse.


