En medio del vapor electoral, nadie pareciese dar cuenta – incluidos los Honorables Congresistas, que aprobaron el Presupuesto General de la Nación y que juegan hoy a ganar el proceso – que la alcancía de los departamentos está rota.
Le han dado varios golpes para romperla en medio de la fragilidad en que mueven dicha alcancía. Así salgan a anunciar el “sentido social” del actual gobierno que nadie cree.
Incluso, mucho me temo, que los recursos provenientes de las Regalías, saldrán estrujando a determinados gobernadores por la lujuria en el uso de estos dineros. Le harán caso con socios políticos montados, al ¿trapo mojado de la “austeridad inteligente” en sus nóminas?
Reducción real y apretón general por medio de una esquiva pulcritud que pocos van a entender en lo local (la cifra más sensata advierte que “el recorte en la destinación de recursos para inversión, cae en un 10,7 por ciento, al pasar de 45,4 a 40,6 billones de pesos”)
Notificados estamos los colombianos de los $215,9 billones del monto del Presupuesto General de la Nación y la “evaporación” – como lo cita EL TIEMPO por parte de la senadora María del Rosario Guerra, que“ para ser responsable con la realidad del país se debe disminuir el monto global del presupuesto en 4 billones de pesos, y hacer los traslados presupuestales necesarios para minimizar el impacto de este ajuste presupuestal en la inversión social”.
Por ahí arrancan los nuevos gobiernos que verán rota la estabilidad o la balanza financiera, con el recorte real que se dará en diversas áreas. Será el 17% menor para el entrante año. ¿Alguien nos podrá decir con justicia cuánto crecerá el país este año sin la cosmética o las luces de bengala?
Para Risaralda será de 840.407 millones con un plan operativo
Anual de inversión (POAI) de 777,475 lo que significa una rebajona del 7,4. Ni más ni menos de acuerdo con las matemáticas de Coquito y de Planeación Nacional.
A ello, debe agregársele factores múltiples como la ley anticontrabando, la evasión fiscal, la caída de la renta petrolera, la dolarización, minería, construcción, si habrá crecimiento de los créditos, la caída de la producción industrial, el costo de la energía ahora por el intenso calor, más puntos en el IVA, impuesto a dividendos que se ven venir, el negocio de la guerra donde hay programados 30 billones de pesos para Defensa y Seguridad ( ANIF, dice con su presidente Sergio Clavijo en La República, que Colombia ha dejado de crecer 1,4 % al año por la guerra )
Colombia parece tener cintura de muñeco: apretado y desdibujado.
Ello implica que el recorte – llamada austeridad en términos de la diplomacia absurda – afectará las regiones.
El empleo público, no es más que recorte en la nómina estatal en todas las direcciones así se ganen las elecciones o quienes digieran el gusto del poder. Como no habrá recursos para ciencia y tecnología.
¿Habrán presupuestado el Plan de Desarrollo Nacional con lo que se venía en materia de crisis fiscal?
¿Todos por un nuevo país, con condiciones de tijera oficial montada sobre elecciones?
Acaso, qué sectores, “llevarán del bulto” con la ¿distribución lujuriosa de los recursos por sectores, en la “peluqueada” que desde el Congreso, “cuadrarán” cifras? Vamos a esperar que sale de la “liposucción” financiera al que será sometido este Presupuesto ya repartido: 33,6 billones de pesos en gastos generales, 91 billones en transferencias, 2 billones en operaciones comerciales, 48,6 billones en el servicio de la deuda y 40,6 billones de pesos para inversión.
Este escenario no lo podrán descuidar los nuevos gobernantes. A la alcancía hace rato le suenan monedas….


