• CRÓNICA / El bello arte del ballet Clásico y sus princesas de oro

    Unas paredes rosadas y grises  cuidadosamente pintadas, un piso de madera que parece un  espejo,  barras metálicas que soportan el esfuerzo de una generación de niñas cuyo sueño es el ballet.

    Ángela Castaño  con su tono de voz profesional alienta e impulsa los gestos y el ritmo adecuada para piezas clásicas, observó unas 15 chiquitas, quienes con su sonrisa de princesas de oro  intentan desafiar la imaginación y sueñan con grandes escenarios con olor a vida y gusto a música.

    Nada más apropiado que el emblemático sector de La Rebeca en Pereira, donde la cultura inspira para  ser el lugar de una sede de la academia “Ángela Castaño”,  reconocida en la región del  paisaje cultural cafetero y proyección internacional.

    Reina ya el silencio enciendo la grabadora y ella con elocuencia responde:

    Para ella bailar es “es lo sublime del arte, es una secuencia perfecta de movimientos, es la inspiración con un fondo musical clásico, es tener la imagen Anna Pavlova, del ballet ruso, de cascanueces, eso es en esencia el ballet”. Dice sin inmutarse. No sé quien está más ansiosa si la madre de una de las alumnas, si, la propia bailarina en curso de formación, o si las monitoras del academia, si algo corre entre espejos en la adrenalina y la ansiedad.

    Quiero detenerme en este momento, que nos inspira no solo escribir, sino a soñar…Con bailarinas  cuyo talento es indiscutible.

    Son ya 220 aspirantes en formación en seis sedes  de Manizales, Pereira, Rio Sucio, Supía y La Virginia a 32 grados de calor humano.

    Dice el viejo adagio que una imagen vale más que mil palabras, estas graficas que acompañan La Crónica lo dice casi todo, las palabras a veces son innecesarias, por eso la mejor  forma de creer en nuestra nuevas generaciones, es precisamente formándolas culturalmente, me dice en tono suave: Ángela…

    La Calle 3 No.12-03 es testigo mudo, de este fascinante cosmos de creación, arte y cultura, solo basta  asistir con o sin permiso,  a un ensayo de “Aladdin”, o de “Toy Story” para inscribir en un proyecto de vida a cualquiera de nuestros hijas desde los dos años de edad… para que sus sueños sean realidad en un escenario y más allá.

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