• Clientelismo – Corrupción (2)

    “Uno gana las elecciones para gobernar con los que lo apoyaron”. Sí, otra cosa es que usted gane las elecciones para gobernar con los que lo apoyaron y entonces ganen el derecho a robar.  Una cosa es el clientelismo y otra la corrupción.

    En otros países, por ejemplo en Francia con sus 35 mil 357 municipios –sí, más de 35 mil, es decir, hay “estado”, así sea básico, por todos lados-  cuando un candidato gana las elecciones, las secretarías, las gerencias quedan en manos del “gobierno de turno”, pero de ahí para abajo “el estado” sigue siendo manejado por funcionarios elegidos en concursos y nombrados.

    Seguramente allá existen contratistas pero nunca bajo el esclavismo infame de contratos de 3 meses que violan todos los derechos laborales para que las personas tengan que ser “clientes” de ciertos concejales, diputados, representantes y senadores y en elecciones “se tengan que matar consiguiendo votos como sea” para jefes de esas clientelas y sus candidatos. Estos jefes se acercan a candidatos, o al revés, estos los buscan y el acuerdo es “te hago este favor y me das unos puestos en tal secretaría”. Tal práctica viene desde antes de ¡1974! es decir, hace más de 40 años: Toda una cultura.

    Empero, es un exabrupto que se diga que un representante a la cámara actual es corrupto porque estuvo contratado en administraciones anteriores:  hay que ser más prudente con esas aseveraciones: jamás se es corrupto simplemente por aceptar un contrato para cumplir una función pública; sobre esa base entonces prácticamente media ciudad y departamento que ha estado o ha tenido o tiene un familiar contratado en algún área de la administración pública sería corrupto. Y no, la mayoría absoluta de contratistas, pueden perder independencia y/o no demandar por miedo, pero son personas que bien, regular o hasta con incompetencias intentan cumplir sus tareas.  Lo ideal sería que fueran escogidos por meritocracia, que tras cierto tiempo fueran nombrados –la ley establece que deben serlo-  etcétera, pero, ¿en qué quedarían las clientelas? ¿sus jefes? ¿el clientelismo?…

    La corrupción en esencia es la destinación de dineros públicos para beneficios personales. Ejemplo. Usted y yo pagamos impuestos. Con esos impuestos, y a dedo, gobernantes contratan personas para que cumplan labores públicas. Ahí ya vamos en Amarillo pues deberían ser contratados por concursos, méritos, etcétera. Pero pasamos a Rojo cuando pasan parte de lo que reciben como honorarios a jefes políticos, a individuos. Eso es corrupción.

    “Te apoyo ese acuerdo, pero me dejas manejar el presupuesto, etcétera” acuerdan estos jefes con gobernantes: y ya sabemos qué tipo de manejo es: el que relatan congresistas detenidos en sus indagatorias sobre “cupos indicativos” tiene sus clones en asambleas y concejos. Y si arriba es la Presidencia (Duque ha tratado de eliminar algo), igual sucede en gobernaciones y alcaldías. Baste decir que desde 1988 parece que sólo tres alcaldes han sido capaces de gobernar sin “coalición mayoritaria” -a cambio de esos manejos-  en sus concejos: Mockus, Fajardo (¿y Hernández de Bucaramanga?): la prueba de que sí se puede “cambiar”.

    Esta cultura se degenera aún más cuando gobernantes nombran a Secretarios o Gerentes que se han dedicado a robar instituciones enteras, a cobrar porcentaje en cuanto contrato existe, y lo que roban lo han repartido entre senadores, representantes, alcaldes y lógicamente toman la mayor tajada para ellos mismos y sus familiares: Usted y yo nos demoramos años de trabajo haciendo un capital honesto, ellos sobornan y extorsionan a contratistas y ciudadanos y de un día para otro se enriquecen, pero olvidan que en un pueblito como éste “todo se sabe” –continuará-

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