CARTA ABIERTA / Matrimonio igualitario

cabezoteEstamos frente a un gran debate nacional respecto del mal llamado “matrimonio igualitario”, esto es, entre personas del mismo sexo. En un país donde se afirma respetar el derecho a la igualdad, ¿por qué a este se le llama igualitario? ¿Acaso los “otros” matrimonios, los que podríamos llamar normales, no lo son?

No nos vamos a apoyar en la soteriología, ni en el maniqueísmo de Manes, tampoco en fundamentalismo alguno, ni a calificarlo de excremental como lo hizo un senador, para comentar sobre este cacaraqueado matrimonio. Reflexionaremos con sentido común con base en lo natural.

 Desde nuestra adolescencia, desdibujada por el tiempo, en las clases de filosofía más no en las de religión porque en ambas el profesor era un sacerdote, no “tragábamos entero” todo lo que se nos decía respecto de la fe y otros muchos dogmas religiosos. Entonces iniciamos una larga búsqueda de conceptos que enriquecieran nuestro pensamiento y nos dimos a la tarea de leer diferentes textos. De aquella actividad se nos grabó en nuestra memoria una frase que ahora queremos compartir: “toda tendencia natural desnaturalizada es transgredir la ley divina”, que ya no recordamos en qué libro leímos, quizás en Las Confesiones de Agustín de Hipona o en Las Moradas de doña Teresa Cepeda y Ahumada; o, quizás, en otros. Y ésta “investigación” obedeció a nuestra negativa a la confesión pregonada por los católicos, por considerar que un sacerdote no era el idóneo para calificar si nuestros actos y, peor, nuestros pensamientos, eran o no pecados. ¿Cuándo lo natural se desnaturaliza? ¿Sodoma y Gomorra?

Pues bien, la naturaleza nos ha enseñado y demostrado, que el apareamiento en los animales se da entre macho y hembra. No conocemos ningún hato vacuno o equino en el que no se requiera de un padrón o reproductor, un toro o caballo, con características de fenotipo especiales para la monta de las hembras. En condiciones silvestres o salvajes, no importan las condiciones genéticas, pero -inexorablemente- se da entre hembra y macho. Para mayor ilustración, amables lectores, ojalá lean las leyes de Mendel. En los vegetales la reproducción sexual puede involucrar a un solo individuo (asexual) o a dos de ellos en cuyo caso, ambos individuos deben pertenecer a sexos o tipos de apareamiento diferentes. Estas son leyes naturales. Debemos señalar, además, que se ha observado comportamiento homosexual en muchas especies animales no humanas, situación que nos llevaría mucho espacio para abordar y explicar.

Todo lo anterior para señalar que el homosexualismo no es natural sino que obedece a una condición humana especial en sus inclinaciones o experiencias, que ha dado lugar a múltiples estudios y teorías, desde la neuroendocrina prenatal, neurológicas, sicológicas hasta las sociológicas. Con el trascurrir del tiempo y en la medida de que los gay, las lesbianas y sus derivados, han “salido del closet” se les ha tomado con tolerancia y respeto, aunque muchas personas no compartan lo que llaman promiscuidad sexual o aberración, sin notar que éstas también se dan en los heterosexuales. Lo cierto es que es una realidad social irrebatible e irreductible, con la que debemos vivir y aprender a convivir.

No sufrimos de homofobia frente a este sector de seres humanos, muchos con grandes capacidades y excelente formación en diferentes disciplinas del saber y del hacer. La homosexualidad no es una enfermedad y mucho menos una contagiosa. Cada quien elige serlo o no. Y, además, no es un comportamiento humano nuevo, existe y subsiste desde la antigüedad.

No obstante todo lo anterior no compartimos que el Estado colombiano legisle a favor de este sector poblacional reconociéndole el derecho al “matrimonio igualitario”. En el término MATRIMONIO subyace, e implica, el reconocimiento de FAMILIA, lo que abre -definitiva y temiblemente- las puertas a la adopción de niños, niñas y adolescentes, lo que consideramos altamente contraproducente para ellos y la sociedad.

Estamos de acuerdo con que se les reconozca como pareja, con derechos a heredar, a la seguridad social, a la NO discriminación social ni laboral, etc. a través de algo así como una UNIÓN CIVIL que legalmente les garanticen sus derechos constitucionales de igualdad en la susodicha convivencia conyugal.

Si no fuera que tememos profundamente que el tal “matrimonio igualitario” se constituya en la puerta abierta hacia la adopción de infantes e impúberes, no nos disgustaría tanto tal figura. Quienes conforman tales parejas son personas mayores, conscientes de sus decisiones, dueños de sus cuerpos y responsables de sus actos. Y eso es respetable y los respetamos.

Pero en absoluto compartimos la adopción de niños y niñas por parejas homosexuales. Ellos son seres indefensos, incapaces de vislumbrar su futuro y de tomar decisiones frente al derrotero de su propia vida. Mal se puede aprovechar de la desgracia de estos pequeños seres, por quedar huérfanos o abandonados. Y no estamos de acuerdo porque existe una ley de Sociología, universalmente aceptada, que dice: “el medio social determina la conciencia social”. Y nuestros ancestros, en su sabiduría popular, cuando nos veían “mal” acompañados solían sentenciar: “El que entra la miel anda, de ella se unta” y “dime con quién andas y te diré quién eres”. En otra ocasión oportuna, profundizaremos sobre este tema. Simplemente decimos no al MATRIMONIO por temor a su reconocimiento como FAMILIA y, en consecuencia, a la ADOPCIÓN; y decimos sí a que se les reconozca legalmente su convivencia marital como una Unión Civil.

Y para abordar el tema desde el ordenamiento jurídico colombiano, señalamos lo que dice el artículo 42 de nuestra Constitución Nacional en su parte pertinente: “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.” (Negrillas fuera del texto original)

La Corte no se ha manifestado de fondo. Su  recién accionar se limitó a no aprobar una ponencia del Magistrado Pretelt que era negativa frente al despropósito del dicho matrimonio. La algarabía de victoria que se ha hecho por este sector poblacional es una forma de presión para el logro de sus “conquistas”. Quizá en esta próxima semana se produzca el tan esperado fallo. Y esperamos que sea un “fallo que no falle”, que en él no se atropelle la Carta Magna, pues como se desprende del precitado artículo constitucional la FAMILIA se conforma por UN HOMBRE y UNA MUJER que han decidido contraer MATRIMONIO. Blanco es, gallina lo pone y frito se come.

Lamentable que el ocioso Congreso no haya legislado sobre el particular dentro de los dos años que le dio la Corte Constitucional para ello, dejándole la oportunidad a ésta Institución para que se entrometa en el tema, cuya misión no es otra que defender la Constitución y las Leyes, y no modificarlas ni crearlas.

Correo electrónico: ferpis25@gmail.com

 

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