El nacimiento del lenguaje puede ser considerado como uno de los grandes hitos en el proceso de humanización y el desarrollo de la civilización. ¿Cuándo surgió esta propiedad que diferencia al humano de las otras especies de animales? Lingüistas, arqueólogos, psicólogos, antropólogos y estudiosos del comportamiento han llegado a la conclusión de que este proceso que marcó un punto de quiebre en la evolución comenzó a gestarse entre 400 mil a 50 mil años atrás. El psicólogo Quentin Atkinson, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, publicó un estudio reciente en la revista Science, donde plantea que las 504 lenguas que hoy en día hablan en el mundo tuvieron un origen común en el continente africano y que esos primeros fonemas se fueron complejizando a través de las migraciones que ha tenido la humanidad.
En artículo publicado la semana anterior lo concluía haciendo un llamado al diálogo como una herramienta fundamental para llegar a acuerdos y superar la difícil situación que como país estamos viviendo en este momento. Una lectora hizo el siguiente comentario al respecto: “Estamos muy tristes por nuestro país. Ojalá Dios quiera que lleguen a un acuerdo rápido”. Otra lectora opinó: “¿Diálogo? ¿Y con quién se supone que se acuerda y qué se acuerda? Creo en el diálogo en otras situaciones”. Interesante inquietud que me permite ahondar un poco más en los conceptos expresados en ese momento. Como decía al comienzo, el lenguaje, tanto verbal como no verbal, es uno de los elementos claves para el entendimiento entre las personas. Estudios recientes de las neurociencias han encontrado que cerca de la zona anatómica del área de Broca –donde están ubicadas algunas estructuras relacionadas con la producción del lenguaje– hay un sistema neuronal espejo. ¿Qué son las neuronas espejo? Son células cerebrales encargadas de copiar, imitar, sentir y actuar de acuerdo a los mensajes enviados por un semejante.
Este descubrimiento del científico italiano Giacomo Rizzolatti permite entender sentimientos y actitudes humanas como la compasión, la solidaridad y el amor. Entonces, ¿con quién dialogar? Con todo ser humano: desde los más cercanos con los cuales nos identificamos, hasta los contradictores. Todos merecemos la oportunidad de ser escuchados por muy abismales que en apariencia sean las diferencias. ¿Qué se acuerda? Unos principios comunes que permitan la convivencia dentro de la diferencia. Es de Perogrullo decir que en la situación actual que vive Colombia deben dialogar quien representa la institucionalidad (el presidente) y los representantes de cada una de las facciones que están protestando. El diálogo activa los procesos primitivos empáticos que han adquirido los humanos a través de la evolución. ¡El diálogo es la vía para superar los conflictos interhumanos! www.urielescobar.com.co


