
No puede estar Marsella frente a un mejor momento histórico en el ambiente político como en el actual, en el cual, en medio del fragor de una campaña política aparezca una gesta cívico ciudadana con la cual se pretende reconquistar un espacio en la asamblea departamental, Atrás quedaron esas campañas en donde encarnizados rivales se juraban odio eterno y que dieron origen a enemistades en muchos casos irreconciliables. Hoy, por fortuna, el tema más que por partidos es por personas que ponen a consideración su nombre e ideas plasmadas en visiones conceptuales sobre lo que consideran la mejor opción para regir los destinos municipales y es ahí en donde los expertos en marketing político, sugieren a candidatos, ingredientes adicionales como la confianza, la simpatía y hasta la presencia física de los aspirantes.
No es mostrando odios y hablando mal del contrincante como se pueden lograr mejores resultados u obtener un mayor número simpatizantes y adhesiones, sino haciendo gala de sus propios programas y expectativas, hacia un elector con mayor conocimiento de la función pública y por lo tanto, cada vez más, esquivo y que lo que quiere escuchar son propuestas que satisfagan sus propias expectativas, y que no son precisamente, aquellas que muestran sesgos y desavenencias de tipo personal, frente a una sociedad, cada vez más convulsionada por una alto grado de intemperancia y polarización, sino las que infunden confianza, paz y armonía, y es ahí, en donde, la cercanía y la simpatía con el elector juega en factor determinante a la hora de la decisión, de por quién votar.
Lejos entonces quedaron los estereotipos de candidatos y líderes acartonados y apoltronados en reconocimientos baladíes, títulos y especializaciones universitarias, que siguen creyendo en falsos liderazgos o en que son determinantes en materia de definir elecciones, cuando la verdad es que no tienen votos ni simpatías para lograrlos cuando lo que prima realmente para el elector es el grado de confianza que despierta el candidato.
Retomando entonces el tema político desde lo local y partiendo de las inmensas posibilidades que ahora tenemos frente al tema específico de que Marsella vuelva a tener una representación ante la asamblea departamental, en cabeza de un hijo suyo, que viva aquí, que nos atienda aquí, lo cerca que estamos de lograrlo y la importancia que conlleva para el desarrollo general de nuestro municipio una curul en la asamblea de Risaralda, es necesario, que así como la ciudadanía en general viene mostrando enorme simpatía, la clase política asuma con total responsabilidad el acompañamiento a este proceso, que como lo he venido pregonando es la puerta de entrada para que a futuro, otro ciudadano, hombre o mujer, sin distingo de partido, coloque su nombre a consideración de la ciudadanía que lo que espera de sus dirigentes, es precisamente eso, gestión.

