He concurrido a numerosos procesos electorales donde los llamados Comitès de Garantías Electorales, son un cordial saludo a la bandera.
Sin dientes, sin ánimo para darle dignidad a una democracia corroída, se volvieron diálogos insulsos, decadentes donde ya ni siquiera se toma tinto. Costureros estupendos o un llamativo club de damas arco iris.
Pareciese que a nadie representaran porque sus conclusiones son nulas. Deambulan con la palabra sin contexto alguno y sus alcances dan rabia.
Cada vez, el trapo electoral es salpicado de burdas componendas.
Temas claros como trashumancia, cédulas que se alquilan para el fraude, inscripciones que superan lo imaginable como ha ocurrido en Dosquebradas, propaganda electoral desmedida, candidatos que arrastran fortunas nada despreciables, Personerías convertidas en salas de diplomacia, contratación basura, oficinas públicas convertidas en directorios como la reciente denuncia con funcionarios de Cultura, han hecho que pierdan respeto estas publicitadas entidades, donde tan siquiera los representantes de los partidos asisten o mandan delegados de 3 y 4 pesos. No operan.
Hay otras entidades que hacen un pésimo acompañamiento a estos mal llamados Comités Electorales. Con pocas excepciones, sus alcaldes ni los presiden. Seguimiento a qué, nos preguntamos entonces, si desde estas entidades las garantías son mínimas. Inexistentes.
Ha sido tan laxo su papel que no faltó quien dijera en un reciente encuentro en el comité de garantías electorales de Pereira, que sus miembros son “vacunados o vacunables” sin que se produjera una protesta.
Solo sonrisas de satisfacción cómplice. Grave, por decir lo menos.
¿Se està velando por el cumplimiento de las garantías electorales y mecanismos de participación ciudadana?
¿Acaso, se han escuchado sugerencias para mejorar lo existente?
-¿Se está dando trámite adecuado a las peticiones, quejas, consultas, a las denuncias sobre amenazas a candidatos, ataques a sedes políticas?
-¿Hay permisividad en el cumplimiento de normas electorales?
-¿Se trabaja por las garantías electorales y el desarrollo normal de las campañas políticas?
Insisto, es tiempo para que nos pongamos serios. No dejemos que la saturación de errores sepulte cortar a tiempo con ambiciones de directorios y líderes que compran sueños y negocian mercancía electoral. Tampoco, nos dejemos asustar por el coco de denuncias sin fondo que son otro manto de incertidumbre que nada resuelve y si confunde y atemoriza.
En Colombia son 11 mil puestos de votación, con 99 mil mesas instaladas, y con la inscripción de cerca de 100 mil candidatos, de 600 mil jurados y 200 mil remanentes. A ello agréguele un fantasma electoral con nombre: 400 comités de grupos significativos de ciudadanos que recogen firmas y anticiparon el proceso electoral bajo el cual se amparan muchos candidatos que la postre terminaran arrunchados en partidos de garaje. Hay vacíos que parrandean el sentido electoral y son un atajo para el ciudadano – votante.
En palabras mayores, la bobadita de 6 millones de firmas para revisar en Colombia, con esta laxitud express. Muchas de ellas estarán fuera por no cumplir el registro legal.
A ello, súmele en Risaralda. 22.414 cédulas sin reclamar (más de 12 mil en Pereira).
O, estarán pensando como motivar la jornada de inscripción de cédulas prevista entre ¿el 6 al 12 de julio para que más ciudadanas efectúen este trámite?



