Dosquebradas genera espacios dignos para las personas con discapacidad

Cuando le preguntan a Luz Miryam, ¿cómo es su relación con Sebastián? No duda en responder: «No soy su cuidadora, soy su compañera de vida», esa frase lo dice todo. Sebastián, su hijo, está por cumplir 30 años y desde muy pequeño un mal diagnóstico afectó su sistema motor y neurológico, lo que le provocó una parálisis cerebral espástica.

Desde entonces, Luz Miryam, junto a su esposo, tejieron con paciencia y amor una vida familiar que gira en torno a los cuidados, pero también a los sueños. Hoy, la familia está compuesta por Sebastián, otra hija y dos nietos. Luz se convirtió en ama de casa, sí, pero también en terapeuta, gestora, acompañante incondicional… y sobre todo, mamá. Cada día empieza con la misma pregunta de Sebas: “¿Para dónde vamos hoy?”, porque él no se conforma con quedarse en casa, quiere salir, explorar y compartir.

Sebastián es fiestero, alegre, amiguero. A las 7 de la mañana suena la música parrandera, se prenden las series y la casa se llena de vida. Luz ya se sabe los diálogos, las canciones, cada nota que a Sebas le encanta repetir una y otra vez. Y ella está ahí, firme, amorosa, incansable. Ese amor que no se aprende, que simplemente se siente.

Después de los quehaceres de la mañana y el almuerzo a las 12:30, empieza una rutina que transformó su cotidianidad: ir al Punto Vive Digital de La Pradera. Allí asisten a clases varias veces a la semana gracias al Programa de Discapacidad de la Alcaldía de Dosquebradas. Es mucho más que un espacio de formación: es un lugar donde cuidadores y personas con discapacidad encuentran herramientas, compañía y un trato verdaderamente humano.

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