Vivir es un milagro

Las formas en que la vida se manifiesta por todo el universo son infinitas. Son tantos los ropajes que adopta en los individuos (y en cada uno de ellos funciona con tanta perfección), que cuando se reflexiona sobre este fenómeno se llega necesariamente a una conclusión: vivir es un verdadero milagro. En el interior de cada individuo hay una organización que sostiene su aliento vital, y cuanto mayor es la complejidad, mayor es la sincronía que debe existir entre su miríada de componentes; desde los más elementales, como átomos, moléculas y células, hasta los más complejos, como los sistemas especializados, que pese a su sofisticación, establecen entre sí relaciones de gran simplicidad. Todos los seres vivos que han sido clasificados en los cinco reinos conocidos comparten el aliento vital que les permiten desarrollar sus procesos vitales, acordes a sus características y a los saltos evolutivos del universo a lo largo de los miles de millones de años que constituyen su fascinante historia.

El ser humano está constituido por una intrincada red de componentes. Cada uno de ellos funciona de manera autónoma, pero a la vez necesita relacionarse con otros para lograr su propósito. Las células son un bello ejemplo de este planteamiento. Los 37 billones de células que conforman el cuerpo humano se consideran como entidades autónomas en sí mismas porque realizan todas las funciones de los seres vivos: nutrición, relación, reproducción y muerte. Son independientes; reproducen en miniatura las funciones de organismos superiores; sin embargo, sin la colaboración de otras células, no es posible que puedan garantizar su propia supervivencia. Esta interdependencia es esencial para la constitución, el funcionamiento y la conservación de los ecosistemas planetarios.

En la infinidad de formas vivas que conforman al universo (en cuya perfección el individuo se debe a la totalidad, y la totalidad se debe al individuo para que todo funcione de manera organizada), el ser humano tiene una característica fundamental: la conciencia. Esta característica es el salto cualitativo en la evolución planetaria. Cada humano tiene la capacidad de reconocerse como único y puede experimentar esa unicidad dentro de sí mismo. Cuando se es consciente de esa conexión entre el ser, el entorno cercano y las más remotas formas en que se presenta el universo, se alcanza un cambio que se expresa en una relación más cercana y compasiva con todas las formas de vida, incluido el propio ser. Estar vivos, experimentarlo y siendo conscientes de este maravilloso proceso, es el verdadero milagro de la existencia humana.

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