Tres indicadores definitivos para saber cuándo pedir un préstamo

La regla de oro en 2026 es el equilibrio 70/30: vivir con el 70% de tus ingresos y saber que el 30% restante es para ahorro y pago de deudas

Bogotá, abril de 2026. En un mercado saturado por la oferta inmediata de créditos «a un solo clic», el consumidor ha olvidado una regla fundamental de la economía doméstica: el préstamo no debe ser una salida de emergencia, sino una herramienta de expansión.

Según datos recientes de la plataforma Bravo, solución especializada en liquidación de deudas y educación financiera, esta falta de cultura financiera ha configurado un perfil de deudor crítico en el país: adultos solteros de entre 31 y 40 años que, en promedio, deben 27 millones de pesos repartidos en cinco entidades bancarias. Para estos usuarios, que hoy destinan hasta el 60% de sus ingresos mensuales al pago de obligaciones, el crédito ha dejado de ser una palanca de crecimiento para convertirse en una barrera de supervivencia que asfixia su bienestar presente y sus metas futuras.

«El crédito es como el oxígeno en una expedición: si lo buscas desesperadamente solo cuando te estás asfixiando, lo más probable es que ya sea tarde para llegar a la cima. El momento ideal para pedir un préstamo no ocurre cuando el bolsillo está vacío, sino cuando tu estructura financiera es lo suficientemente sólida para convertir esa deuda en un motor de crecimiento y no en un ancla de supervivencia que comprometa el 60% de tu salario». Afirman los expertos de Bravo.

Para los expertos de Bravo, solución especializada en liquidación de deudas y educación financiera, el momento ideal para pedir un préstamo no lo dicta el banco, sino el estado  financiero de la persona. Entonces, ¿cómo saber si es el momento? La fluidez financiera se alcanza cuando el crédito no altera tu sueño. Para los expertos de Bravo, el indicador más honesto es la capacidad de flujo libre. Si después de pagar tus necesidades básicas y destinar un porcentaje al ahorro, aún tienes un margen de maniobra, el crédito es viable.

La regla de oro en 2026 es el equilibrio 70/30: vivir con el 70% de tus ingresos y saber que el 30% restante (ahorro y pago de deudas) es tu zona de seguridad. Si un nuevo préstamo invade ese 70% vital, el momento es, sencillamente, equivocado.

Las tres preguntas del espejo

Antes de aceptar esa oferta tentadora, los expertos proponen un ejercicio de honestidad frente al espejo:

  1. ¿Este crédito «trabaja» para mí o yo trabajaré para el crédito?: un crédito para un negocio o una formación académica compra tiempo y futuro. Un crédito para un bien de consumo inmediato resta tiempo de vida que tendrás que trabajar para pagarlo.

  2. ¿He «pagado» esta cuota por adelantado?:  los expertos de Bravo sostienen que nadie debería pedir un préstamo si no ha demostrado primero que puede ahorrar esa misma cantidad mensualmente. El ahorro es el entrenamiento; el crédito es la competencia.

  3. ¿Qué pasa si mañana no hay ingresos?:  el momento ideal exige tener un fondo de emergencia. Tomar un crédito sin ahorros de respaldo es como saltar en paracaídas sin haber revisado la mochila.

El momento ideal para pedir un préstamo no es una cuestión de deseo o de «oportunidad» bancaria, sino de aritmética básica. Si el 60% de los ingresos ya está comprometido, la prioridad no es buscar más capital, sino sanear el flujo de caja actual. Solo cuando los gastos fijos y las deudas previas permiten un margen real de maniobra, el crédito recupera su función original: ser una herramienta útil y no una carga que hipoteca la tranquilidad del próximo mes.

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