• Sin internet rural: ¿resucitar el modelo Radio Sutatenza y la TV educativa?

    Rafael Orduz Medina / Opinador

    El campo colombiano sigue fregado sin acceso a internet. Los más afectados, los niños y jóvenes campesinos, sin oportunidad de treparse a la economía digital. El internet se demorará años en llegar. Mientras, se debería pensar en el despliegue masivo de la TV y la radio como medios para educar en épocas en que, con alta probabilidad, los modelos serán híbridos, es decir, semipresenciales. Se deben rescatar experiencias valiosas como la de Radio Sutatenza y la televisión pública que, hace más de 50 años, jugaron un papel destacado como medios educativos.

    Es claro que los usos de internet se han multiplicado. Durante el 2020 aumentaron las personas y hogares que realizan las compras de su ropa y zapatos por internet, que también utilizaron para encargar comidas preparadas, hacer mercado, realizar transacciones bancarias, solicitar certificados de antecedentes, adquirir nuevos conocimientos, trabajar de manera virtual, acordar citas médicas, entre muchos usos. Por otra parte, la realidad de los millones de individuos que no tienen  la posibilidad de subirse al tren de la economía digital simplemente porque no tienen los dispositivos o no cuentan con acceso a internet, parece un inamovible. Niños y jóvenes que, por fuerza de la pandemia dejaron las clases presenciales, no tienen la oportunidad de la virtualidad por sustracción de materia. Desconocemos aún los datos de la deserción escolar, de la magnitud de la brecha educativa causada por la desconexión en la época del covid.

    Las inequidades en el acceso a internet son corroboradas por los resultados publicados la semana pasada por el DANE sobre tecnologías de la información y las comunicaciones en los hogares colombianos, correspondientes al 2020, el año uno de la pandemia. Desde luego, hay mejoras en la conectividad; sin embargo, las brechas son de tal magnitud que pasarán años para que la mayoría de los niños campesinos puedan disfrutar de los beneficios del acceso.

    La situación del campo es dramática. Mientras que, en promedio, el 57 % de los hogares a nivel nacional están conectados, en el ámbito  “centros poblados y rural disperso” solo el 24 % de los hogares tienen algún tipo de conexión a internet (a ésta población se dirigía el proyecto, cuyo trámite tumbó, finalmente,  a la ministra de las TIC hace dos semanas). El cuento de la falta de internet en el campo afecta a todos los departamentos del país. No obstante, al examinar el acceso tanto en las cabeceras municipales como en el campo, las desigualdades regionales son escandalosas. Bogotá se puede dar por bien servida con casi 80 % de hogares conectados.   En contraste, en departamentos como Guainía, Amazonas, Chocó, Vichada y Vaupés, más del 80 % carecen del servicio. Ay, San Andrés, a la que tanto se le ha prometido desde hace años para hacerla sentir colombiana, 7 de cada 10 hogares están desconectados.

    El otro gran problema, fuera del acceso, es que la mayoría de los hogares en el país no tiene dispositivos, sean computadores fijos, portátiles o tabletas. Aún en las ciudades, la situación es deplorable: sólo el 48 % tiene alguno de estos aparatos. Y en el campo, ni se diga:  el 10 % de las familias cuenta con alguno de ellos.

     
    No obstante, las cifras son diferentes cuando se trata de televisión, celulares y el acceso a la radio.

    En el campo (centros poblados y rural disperso) el 62 % de las personas mayores de 5 años tienen teléfono celular y el 80 % de los hogares cuenta con algún servicio de televisión.

    Ante la lentitud de dotar de acceso a internet al campo, la televisión y la radio, como en los años 60 del siglo pasado, pueden ser instrumentos valiosos complementarios a las labores de los docentes. La experiencia del bachillerato por radio, propio de los 70, puede revivirse con herramientas tecnológicas contemporáneas; la TV pública puede volver sobre sus viejos laureles y contribuir a aumentar las coberturas educativas en al campo.

    Experiencias de radios comunitarias de los 80 y los 90 pueden ser aprovechadas con ambiciosas metas, emulando también la experiencia del padre Salcedo, el creador de radio Sutatenza a fines de los 40.

    De hecho, la Universidad Pedagógica de Colombia ha impulsado en este período pandémico el trabajo de docentes de la mano de emisoras comunitarias en zonas de baja conectividad a internet. Maestros, como en el sur del Tolima (Voces del Sur) se aliaron en el 2020 con emisoras locales para llevar los contenidos pedagógicos a sus alumnos en medio de la pandemia, con gran éxito. Recojamos estas experiencias y formulemos planes que puedan desplegarse de forma ágil mientras llega el lento internet para bien de millones de niños y jóvenes.

    Experiencias de radios comunitarias de los 80 y los 90 pueden ser aprovechadas con ambiciosas metas, emulando la experiencia del padre Salcedo, con radio Sutatenza a fines de los 40.

    Compartelo

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *