• ¿Qué sentido tiene vivir?

    Las redes sociales nos acercan a la información que se encuentra registrada en infinidad de lugares y a personas que en este preciso momento se comunican desde cualquier rincón del mundo. A la par de esta cercanía virtual sucede el alejamiento afectivo de miles de seres anónimos que en la soledad de sus sentimientos buscan compensar algo que solo lo pueden lograr con alguien que les sonría, los mire a los ojos y de sus labios brote un te quiero. Bien, en medio de estas incongruencias que nos brinda el mundo actual, hace pocos días recibí un mensaje de Esteban. Decía sentirse en una terrible y dolorosa angustia y recurría a mí porque había leído mis escritos sobre el suicidio en jóvenes. Los puntos esenciales de su vida son los siguientes.

    “Tengo 50 años, soy padre de un adolescente que ha tenido dos intentos de suicidio, y a pesar de estar en tratamiento persiste en su idea. Él dice sentirse muy triste, con un vacío emocional que atribuye a que padeció desamor en su infancia. Cuando trato de ayudarlo para que salga de ese estado, me dice de manera despectiva: ‘¿Y cuál es el interés que usted tiene en que yo viva? No me vigile, déjeme morir y de esa manera descansamos los dos. No le encuentro ningún sentido a estar en este mundo’”. Al final de su relato, Esteban me preguntaba qué debía hacer, cómo le podía ayudar a su hijo; me pedía que diera tips o que le recomendara material de lectura que motivara a su hijo a encontrarle gusto a la vida. Este tipo de consulta es cada vez más frecuente en nuestro país, y los indicadores epidemiológicos muestran una mayor tasa de presentación del suicidio tanto en niños como en adolescentes.

    El primer aspecto a considerar es que el suicido es prevenible a través de estrategias que van desde la intervención que se puede hacer al interior de la familia y de las instituciones educativas, hasta las redes de atención que son coordinadas por las secretarías de salud municipales. Lo primero que debe hacer Esteban es permitirle a su hijo que le exprese sus sentimientos, escucharlo con atención, no juzgarlo, asegurarle que lo ama, que los problemas que tiene en este momento los puede superar y que él está dispuesto a acompañarlo en ese trance tan complejo que está viviendo. La ayuda profesional en este caso es fundamental; hay que recurrir al acompañamiento y a la asesoría familiar de un experto en salud mental, y tanto el adolescente como su familia deben seguir las recomendaciones con respecto a vigilancia y cuidado que se tienen que tener mientras persista el riesgo de suicidio.

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    Uriel Escobar Barrios

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