• Presidente Petro, por favor deje de mentir a los colombianos

    En menos de dos semanas de mandato, los colombianos hemos sido víctimas de numerosas mentiras por parte de nuestro primer mandatario.

    Alejandra Carvajal / Opinadora

    El presidente Petro nos dijo hace pocas semanas que su primer acto de gobierno sería declarar la emergencia económica, lo cual afortunadamente no cumplió. El fin del Esmad fue otra de sus promesas de campaña, la cual fue desvirtuada por el recién nombrado director de la Policía Nacional, al advertir que le haría modificaciones, pero que no acabaría con esta fuerza.

    Petro afirmó en campaña textualmente desde su cuenta de Twitter que “Quienes tengan contrato de prestación de servicios en el actual gobierno nacional serán laboralizados en plantas de personal para seguir el servicio público en mi gobierno”. Recientemente Petro manifestó que no acabará con los contratos de prestación de servicios, lo cual tampoco se entiende porque su Ministra de Trabajo piensa una cosa bien distinta.

    La eliminación del 4×1000, otra promesa de campaña, tampoco tendrá lugar, pues el ministro Ocampo ha sido enfático al señalar que este impuesto continúa.

    La reducción al salario de los congresistas tampoco ocurrirá, pues a pesar de haber sido una idea impulsada en época electoral por la bancada del Pacto Histórico, fueron justamente varios miembros de ese partido los que se negaron a que esta propuesta fuera un hecho real.

    Ahora bien, quizás lo que más preocupa a estas alturas son las mentiras relacionadas con las ausencias del mandatario a distintas citas, todas de la mayor importancia para el país.

    Primero dejó plantados a 917 alcaldes de todos los rincones del país, sin una excusa hasta ahora creíble. Posteriormente, incumplió quizás la cita más importante que puede tener un presidente electo con los militares, la transmisión de mando. El mismo día también dejó metidos a varios de sus ministros, pues había quedado de posesionarlos y tampoco asistió. ¿Dónde está el presidente? Se preguntan los colombianos y varios titulares de prensa.

    Hasta el momento las excusas presentadas por el presidente y su equipo no son satisfactorias, son vagas y poco creíbles. Preocupa mucho que Petro haya manifestado que a la cita con los militares haya faltado por un dolor de estómago. Muchos se atreven a afirmar que los problemas de salud del presidente son graves, pero hasta ahora todo es especulación.

    Lo cierto es que los colombianos, tanto en esta como en las demás situaciones descritas, merecemos que se nos hable con la verdad, cosa que no ha sucedido, desafortunadamente, en las dos primeras semanas de gobierno.

    Con el lema “Colombia: potencia mundial de vida”, fue elegido Petro. Al día de hoy han sido asesinados desde su posesión 8 líderes sociales y más de 900 personas han sido desplazadas por la violencia en el Cauca. Las masacres tampoco han parado, continúan con la misma intensidad de antes.

    Entre tanto, la seguridad energética del país se encuentra comprometida. El presidente Petro prometió en campaña detener futuras exploraciones de gas y de petróleo, lo cual sí está cumpliendo.

    Desafortunadamente, los más afectados por esta política serán las personas que reciban menores ingresos, pues la factura de gas que actualmente pagan será cinco veces más costosa, afectando gravemente su nivel de vida y el de sus familias. La reforma tributaria propuesta es inconveniente para las personas naturales, los pensionados, el tejido empresarial y en general agresiva con el ciudadano de a pie.

    La reforma tributaria en lugar de disminuir la pobreza podría aumentarla, en especial porque hasta el momento no existe claridad sobre hacia donde serán destinados los ingresos resultantes de los impuestos recaudados.

    Por el momento, lo único que pedimos los colombianos es que se nos hable con la verdad. Que se dejen a un lado las mentiras. Que se trate a los alcaldes, militares y ministros con el respeto que merecen. Al paso que vamos, Colombia no será potencia mundial de vida, sino potencia mundial de la mentira.


    Columna original publicada en / SEMANA

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