En Colombia no estamos para eso, aquí lo que se necesita es la mano fuerte del Estado Colombiano en la forma de cómo combatir y como poner a buen recaudo a tanto hampón que por la laxitud en la aplicación de penas le perdieron miedo a la cárcel, ya sea porque las penas de prisión son pírricas frente al despropósito de las faltas o delitos cometidos o por la permisividad y flojera de parte de muchos jueces que ante evidencias tan concretas como espeluznantes se hacen los de la vista gorda y determinan unas condenas tan inverosímiles que dejan perplejo al más común de los mortales.
Eso era en otras épocas, cuando aún creíamos que el diablo se llevaba a los niños por su mal comportamiento, que la infidelidad de las mujeres la pagaban en la ardiente paila mocha o cuando los reyes y los papas eran considerados dioses y en sus visitas a otras tierras abogaban por la libertad de los presos. Hoy en día se perdió el respeto por la vida, honra y bienes de nuestros semejantes, no existe respeto alguno, las iglesias llenas de feligreses a diario son atracadas y hasta los sicarios invocan a Cristo nuestro señor y a la Virgen María para que los proteja de todo mal y peligro cuando tienen que salir a realizar algún trabajo delictivo, como el de efectuar un atraco o realizar alguna acción sicarial, para que el trabajo les quede bien hecho, es decir, el muerto, bien muerto… por Dios….! En que estamos?
Por fortuna hoy en día las circunstancias no son las mismas: primero porque el papa Francisco, ha demostrado desde todas sus manifestaciones que es un ser humano común y silvestre y segundo porque un beneficio de este tipo frente a la desbordada delincuencia que vive el país, a lo mejor, es contraproducente y resulta siendo “más Grave la cura que la enfermedad” y eso solo sirve para generar falsos protagonismos o sofismas de distracción, de esos que le gustan tanto al presidente Santos y que secundan a la perfección áulicos como Roy Barreras o Benedetti, entre otros.
Si casi todas las ciudades colombiana están sitiadas por una delincuencia rampante en donde a diario se cometen las más inverosímiles actos de violencia, si la mayor parte de los reclusos que allí se encuentran están sindicados de atracos, asaltos, actos sicariales, tráfico de estupefacientes, violaciones, violencia intrafamiliar, lo que hay que crear son mecanismos que defiendan a una ciudadanía indefensa y esto solo se logra en la medida en que se endurezcan las penas, se dote a los jueces de la república para que, desde lo jurídico, se apliquen sanciones ejemplarizantes, como respuesta lógica a la acción de la policía que se cansan de capturar delincuentes, porque, más se demoran en capturarlos que en quedar libres y delinquiendo nuevamente y esto así no puede continuar.
Por el contrario, lo que debería estar haciendo el gobierno nacional y la justicia colombiana es buscando la manera de endurecer las penas, hacer respetar la justicia e imponer el orden en todo el territorio a costa de lo que sea y eso solo se logra en la medida en que el delincuente sepa y se concientice, de que su actuar será castigado con toda la severidad de la ley en tiempo, modo y lugar y no como ahora donde las cárceles son un verdadero escampadero para muchos, que desde adentro siguen con su accionar delictivo y que solo esperan su salida para continuar cometiendo toda clase de fechorías y así no podemos, es con sanciones duras y ejemplarizantes como verdaderamente se puede lograr la resocialización del individuo o su aislamiento permanente del resto de la sociedad.
Solamente cuando se endurezcan las penas de prisión y cuando los delincuentes sientan temor por la rigurosidad de los castigos, se podrá lograr, de un lado su posible resocialización y de otro la imperiosa necesidad de lograr mayor seguridad para la ciudadanía en general.
Para quienes somos católicos y creyentes en los preceptos de la santa madre iglesia, debe ser claro que la visita papal debe ser una visita pastoral, más que una visita que obedezca a intereses políticos, porque lo que se percibe es que existen serias intenciones por parte del gobierno nacional para seguir pregonando, las mil maravillas que representan los acuerdos con las Farc, que para la mayoría del pueblo colombiano son un desmedro de la constitucionalidad colombiana y que sea como sea, tienen al país totalmente polarizado, y aquí lo que debemos hacer es orar por lograr un mejor entendimiento entre todos los colombianos.


