Mi vida en una UCI

Así es. En esta emergencia de salud, llegar a una UCI es llegar a debatir y pelear la vida.

Allí, hay muchas personas en situación de indefensión, de vulnerabilidad, que se entregan confiados a las manos de los Médicos y Personal de Salud que los atienden y quienes dedican también, toda su vida, para salvar la vida de los demás, exponiendo la suya.

Conozco desde lejos una Unidad  de Cuidado Intensivo. El lugar es casi sagrado, hay algo de magestuosidad en sus espacios: debe ser la grandeza de la vida en riesgo la que le dà tanta grandeza, tanto misterio.

Un Silencio inentendible, que no es silencio, se percibe, aún así, se escuchan las voces del Médico que pregunta, que avisa, que define acciones que son determinantes; los pasos casi imperceptibles de Jefes y Auxiliares de Enfermería, su acción callada en bien de los demás, y un sonido acompasado y rítmico que anuncia el estado interno del paciente y unos monitores que visualizan la realidad de lo que se vive en cada ser, en cada corazón en espera de vivir y de continuar su camino.

Sé, también, de lo que se vive en una UCI  porque allí, en una de ellas, está mi corazón en interminables turnos de dedicación y entrega, de insomnios eternos luchando en una batalla sin cuartel por la vida. Està un pedacito de mi ser, que amo sin medida, y mientras ella pelea con la muerte, casi inevitable, de sus pacientes, sé que afuera  hay una muralla de oración, de gratitudes revueltas con un amor inmenso. Familias que anhelan un feliz desenlace y poder así, volver a abrazar y recuperar a los suyos; està también, este corazón orgulloso de su actuar y de su vivir, que la espera otra vez para abrazarla y reiterarle todo mi amor y gratitud.

Si, mi vida está en la UCI, en este lugar donde la vida cobra la importancia que no tiene afuera, donde se viven los momentos más críticos  y difíciles  pero también los más felices y esperanzados cuando por fin, mi Pedacito de corazón que está de turno, junto al Equipo Profesional que la acompañan, le han ganado entre todos la batalla a la muerte, a la orfandad, a la viudez, al desamparo. Cuando celebran juntos un nuevo nacimiento, una nueva oportunidad de vivir.

Hoy celebro la vida de estos seres de luz, que dan vida en medio del presagio de muerte. Que no duermen para que otros puedan descansar y soñar con sus amores, sus familias, sus anhelos y esperanzas. Que se entregan sin medida a los  demás, olvidándose de lo suyo y dejando allí, en esa sala de honor a la vida, su vida  de profesionales de excelencia, de seres humanos valiosos para los demás, para su tierra y el mundo.

Hoy celebro y agradezco el haberme empeñado en su formación, en haberle aportado una milésima de mi amor y de mi trabajo a lo que es hoy y será, con su entrega y bendición de Dios, mañana.

Decidió vivir en este lugar donde la vida es más sagrada. Es el trofeo que unos pocos ganan y que muchos otros pierden. El lugar de honor que entroniza la vida como el bien más hermoso, el regalo más supremo.

Por la vida, todo: hasta la indeclinable certeza de saber que mi corazón, mi Pedacito de mi, sigue allí cumpliendo el propósito que un día, al concebirla, Dios  le entregó como una promesa.

Por ella, la niña que habita la UCI donde está la vida, por sus compañeros de trabajo y todos quienes laboran en las Unidades de Cuidado Intensivo, por los pacientes indefensos y confiados  que se abandonan en sus manos, por sus familias dolidas y expectantes en amor y gratitud, por todos ellos ¡Celebró la vida, celebró su entrega, su trabajo de amor!

¿Ahora sí me entienden el porqué  afirmo, que mi vida está en la UCI?

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