Unas 250 mil personas en la Plaza San Pedro y sus alrededores. La aparición del ataúd desató una fuerte aplausos. En el atrio numerosos jefes de Estado y Gobierno, en primera fila el argentino Javier Milei y la italiana Giorgia Meloni.
CIUDAD DEL VATICANO, Ansa Latina / El féretro del Papa Francisco llegó a la Plaza de San Pedro recibido con un largo y emotivo aplauso de los fieles reunidos allí para participar de los funerales y la misa de ezequias.Lo mismo ocurrió en su traslado en un papamóvil hasta la Basílica Santa Maria Mayor, donde tendrá su descanso eterno.
El Papa hizo su último ‘viaje’ terrenal a bordo de un papamóvil. que había utilizado en un viaje a Oriente. La solución fue disponer de un vehículo abierto y permitir que todos pudieran ver el féretro del Papa pasar por las calles de Roma.
Frente a la Plaza San Pedro, en la misa de exequias, el ataúd depositado sobre una alfombra. También una gran ronda de aplausos acompañó la salida del féretro de la Basílica de San Pedro. Los fieles en la plaza vieron las imágenes en las pantallas gigantes. El ataúd fue llevado sobre los hombros de los portadores.
El Evangelio fue abierto por el Maestro de Ceremonias, monseñor Diego Ravelli, y uno de los secretarios del Pontífice, Don Daniel Pellizzon, lo colocó sobre el féretro del Papa. Así comenzó la misa de exequias, Unas 250 mil personas estaban en Plaza y sus alrededores, según cálculos dela policía difundidos por el Vaticano.
Más de cien delegaciones ya han entrado en el Vaticano. Esta es la estimación que surge del Centro de Gestión de Seguridad de Eventos de la Jefatura de Policía de Roma. El solemne saludo a Francisco reunió en el Vaticano una nutrida presencia internacional, con la participación de destacadas personalidades de América Latina. Estan presentes el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado de su esposa Janja, y el presidente argentino, Javier Milei, quien llegó a Roma acompañado de su hermana Karina, secretaria general de la presidencia, y varios ministros.
También participan los presidentes de Honduras, Xiomara Castro, de Ecuador, Daniel Noboa, y de República Dominicana, Luis Abinader, acompañado de su esposa, Raquel Arbaje, y el presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco. Cuba envió al vicepresidente Salvador Valdés Mesa y México está presente a través de la ministra del Interior, Rosa Icela Rodríguez, en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras que Colombia envió una delegación encabezada por la primera dama, Verónica Alcocer, y la canciller Laura Sarabia. Chile está representado por el ministro de Relaciones Exteriores, Alberto van Klaveren, el presidente del Senado, Manuel José Ossandón, y el de la Cámara de Diputados, José Miguel Castro, mientras que Guatemala tiene como enviado al ministro de Cultura y Deportes, Liwy Grazioso.
Presidió la misa de exequias el cardenal italiano Giovanni Battista Re. El rito tuvo un esquema estricto que incluyó lecturas, homilía, oración universal, consagración del pan y del vino, intercambio de la paz, comunión y un momento de oración personal. «El plebiscito de manifestaciones de afecto y participación que hemos presenciado en estos días tras su paso de esta tierra a la eternidad nos dice cuánto ha tocado las mentes y los corazones el intenso pontificado del Papa Francisco, afirmó el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, en la homilía.
«A pesar de su fragilidad y sufrimiento finales, el Papa Francisco eligió seguir este camino de entrega hasta el último día de su vida terrena. Siguió los pasos de su Señor, el Buen Pastor, que amó a sus ovejas hasta dar su vida por ellas. Y lo hizo con fuerza y ;;serenidad, cerca de su rebaño, la Iglesia de Dios», subrayó. «Es significativo que el primer viaje del Papa Francisco haya sido a Lampedusa, una isla que es símbolo del drama de la emigración, con miles de personas ahogándose en el mar», remarco Re, al hacer un resumen del pontificado de Jorge Bergoglio.
En la ceremonia hubo unos 50 jefes de Estado, 10 monarcas y más de 130 delegaciones extranjeras, entre ellas el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky; el presidente de Argentina, Javier Milei; y el príncipe Guillermo del Reino Unido.
Tras el funeral, el féretro recorrió aproximadamente seis kilómetros por las calles de Roma, pasando frente al Coliseo y los Foros Imperiales, siguiendo en parte el antiguo trazado de la Vía Papalis hacia Santa María Mayor. El cortejo será público y estuvo acompañado por un fuerte dispositivo de seguridad.
En el anochecer del viernes, cierre del ataúd
Fueron 250 mil personas las que rindieron homenaje al Papa Francisco. Un largo río de gente que en estos días quiso dar el último adiós al pontífice, a pesar de las filas, el calor y, a veces, la lluvia. Rezos y hasta lágrimas, aunque lo que más le gustaba, en el fondo, al Papa argentino era reír. Mañana tendrá lugar el funeral en la Plaza de San Pedro, donde se esperan 200.000 personas.
El aparato de seguridad ya está listo, considerando la gran afluencia de gente esperada, pero también la presencia de jefes de Estado y monarcas llegados de todo el mundo. Y luego tendrá lugar esa procesión fúnebre por el centro de Roma que tiene pocos precedentes en la historia. El ataúd colocado en un carruaje que permitirá que todos lo vean; luego los autos cardenalicios, y un proceder a paso de hombre, incluso una hora, por aquella ciudad que había abrazado hacía doce años, convirtiéndose en su obispo, como amaba recordarlo siempre que podía.
El día de hoy concluyó con el cierre del féretro: un rito antiguo, solemne y significativo, con la colocación del velo de seda blanca sobre el rostro y la inserción de la bolsa con las monedas del pontificado y el tubo con la escritura. Gestos antiguos, los mismos durante siglos, pero que conservan todo su significado; Sellan el final material de un pontificado del que, sin embargo, queda el legado espiritual.
El cierre del féretro fue presidido por el cardenal Kevin Joseph Farrell, camarlengo de la Santa Iglesia Romana. Además de él, también están presentes el maestro de las celebraciones litúrgicas, monseñor Diego Ravelli; en presencia de los cardenales Giovanni Battista Re, decano del Sacro Colegio; Roger Michael Mahony, cardenal presbítero; Dominique Mamberti, protodiácono; Mauro Gambetti, arcipreste de la Basílica; Pietro Parolin, ex secretario de Estado; Baldo Reina, vicario de la diócesis de Roma; Konrad Krajewski, limosnero; monseñores Edgar Peña Parra, suplente; Ilson de Jesús Montanari, vicecambelán, Leonardo Sapienza, regente de la Casa Pontificia; y los canónigos del Capítulo Vaticano, las penitenciarías menores vaticanas, los secretarios del Papa y otras personas admitidas por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas.
«Queridos hermanos y hermanas», dijo el celebrante en latín, «nos hemos reunido aquí para realizar algunos actos de piedad humana, antes de la Misa funeral de nuestro papa Francisco. Leeremos el pasaje que recuerda su vida y sus obras más importantes, por las cuales damos gracias a Dios Padre. Cubriremos su rostro con veneración, con la viva esperanza de que pueda contemplar el rostro del Padre, junto con la Santísima Virgen María y todos los santos».
El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias leyó luego el acta, cuyas copias son firmadas por algunos de los presentes. Después del cántico de Zacarías, todos oran en silencio durante un tiempo. Y después de una nueva oración del celebrante, el Maestro de Ceremonias extiende un velo de seda blanca sobre el rostro del Pontífice difunto, el celebrante rocía el cuerpo con agua bendita. Luego el maestro coloca en el féretro la bolsa con las monedas y medallas acuñadas durante el pontificado y el tubo con el acta, después de haber estampado el sello del Oficio de Celebraciones Litúrgicas.
A continuación se colocó la tapa sobre el féretro de zinc sobre el que están la cruz, el escudo del Pontífice difunto y la placa con su nombre, la duración de su vida y su ministerio petrino. El féretro está soldado y se imprimen los sellos del Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, de la Prefectura de la Casa Pontificia, de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias y del Capítulo Vaticano. Por último se cierra el féretro de madera, en cuya tapa están la cruz y el escudo del Papa difunto. El canto de las Antífonas y la recitación de los Salmos cierran la ceremonia.
En la ceremonia de clausura del ataúd, además de las personas esperadas, estuvieron presentes también algunos familiares del Pontífice difunto. Así lo informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede. La celebración, que comenzó a las 20:00, finalizó a las 21:00 (hora de Italia). Durante la noche, el Cabildo de San Pedro velaba por el cuerpo de Francisco, hasta que se prepare la misa funeral mañana por la mañana en la Plaza de San Pedro.
Entre las últimas personas en despedir a Francisco se encontraban las más diversas personalidades, desde los queridos primos llegados hoy desde Asti hasta el premio Nobel, Mohamed Yunus, que compartió con Francisco muchas batallas por una economía más justa. Al final de la velada llega el presidente francés, Emmanuel Macron, pero junto a él está también la señora Carmela, la que trajo un ramo de flores amarillas al Gemelli y a quien el Papa saludó desde el balcón.
Al funeral, en el lugar de honor entre las autoridades, figurará el presidente Javier Milei, el mismo que insultó en campaña electoral a Bergoglio. Francisco lo había perdonado por aquellos improperios de tono vulgar pero no por sus decisiones en detrimento del pueblo argentino y por esa relación entre miembros de su personal y los viejos representantes de la dictadura.
Bergoglio quizá quería volver a ver su Argentina; Estuvo cerca de lograrlo cuando organizó un viaje apostólico a América Latina. Pero en realidad nunca regresó a casa, quizá también a causa de estas difíciles relaciones con los gobernantes que se sucedieron.
Tras la delegación argentina, sigue la italiana, encabezada por el presidente Sergio Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni, y después soberanos y jefes de Estado por orden alfabético, desde los reyes españoles a los de Jordania, pasando por presidentes de la República, como su amigo Lula, los responsables de la ONU y de todos los organismos internacionales, y también delegaciones, como la israelí (en realidad sólo el embajador) y la palestina que se encontrarán cara a cara delante del ataúd del hombre que más que nadie en estos años pidió la paz. Empero, en la lista provisional no hay ningún representante de Rusia y, quizás en el último momento, ni siquiera el presidente Volodimir Zelensky esté presente.
En cambio, seguramente estarán sus amigos, los más pobres de la Tierra, a quienes hoy el limosnero Konrad Krajewski fue a visitar a los comedores sociales y a los dormitorios para donar el rosario de Francisco. Estarán en la Plaza de San Pedro y unos cuarenta también le esperarán delante de Santa María Maggiore.
Migrantes, personas sin hogar, víctimas de trata, trans, pero para Francesco no eran categorías: los había conocido uno a uno, los había ayudado, los había consolado, los había animado.
Mañana estarán allí, donde Francisco eligió ser enterrado, en una especie de guardia de honor.



