Este barco llamado Colombia, navega en aguas tormentosas bajo el timón de una cuasi dictadura que desde hace muchos años nos gobierna y dirige.
Si hacemos un recuento de lo que ha sido la política en Colombia tenemos que reconocer que hemos sido esclavos y vasallos de unos cuantos grupos políticos entronizados, por incultura y analfabetismo ciudadanos, como las únicas que pueden mantener el manejo del Estado.
Llevamos casi 20 años bajo unos principios políticos empeñados en atacar a quienes no están en sus toldos, en demeritar cualquier otra tendencia que se salga de sus condiciones, en acantonar y asegurar, para su beneficio, todas las instancias del Estado: las Altas Cortes, el Congreso, Procuraduría, Fiscalía, Defensoría del Pueblo, la Justicia y muchos otros entes de control: todo de su lado, como para que el día en que se presente algún cambio que les amenace su dominio total del país y de la población más vulnerable, no quede resquicio alguno por donde pueda ingresar la dignidad, el decoro, la honradez, el civismo de una población cansada de tanta injusticia, de tanto horror consentido, de tanta corrupción, de tanto abuso.
Ahora sí se hicieron dueños de la joya de la corona: la supresión de la Ley de Garantías que les permite manejar el presupuesto de la nación con fines de corrupción electoral y así poder controlar a su antojo las próximas elecciones.
Ahora sí estamos, cada vez, más sitiados, más amenazados y lo peor; más silenciosos, más sumisos, más indiferentes.
Me pregunto, ¿qué es lo que nos pasa a los colombianos que no nos damos cuenta de la realidad que vivimos; que no asumimos una conciencia ciudadana para defender nuestras instituciones, nuestra economía, nuestro país?
La clase política y dirigente, ya tiene elegidos sus gobernantes y representantes; es más, se ceden el poder como trofeo que ostentan como suyo y que por decisión unánime se van pasando de unos a otros: al final son los mismos, en favor de los mismos.
Así es la realidad que vivimos pero que no vemos ni aceptamos y esa es la razón por la cual cada día estamos más débiles, más arrinconados por esas mismas clases políticas que idealizamos como buenas, cuando han sido un cancer metástasico para nuestra patria.
Ahora, cuando se inicia una guerra casi mortal en busca de la Presidencia de la República, de las curules del Congreso, se muestra lo que en verdad hemos sido como ciudadanos durante estos interminables años en los que el poder ha sido heredado como un fortín de unos pocos que en cada región han impuesto su ley.
Indiferencia y cobardía van de la mano, se apoyan, se ayudan.
La cobardía de los intelectuales alemanes,entre otros factores, permitió la llegada de los nazis al poder y sus horrorosas prácticas en contra de la población; no reaccionaron cuando debieron hacerlo y ya conocemos sus nefastas consecuencias para el mundo.
La cobardía e indiferencia de los venezolanos es la columna sobre la cual se ha fortalecido la dictadura; un pueblo amañado con los subsidios estatales, con las ayudas que sólo les ha traído esclavitud y pobreza. No asumieron sus responsabilidades ciudadanas a tiempo y ahora, mucha parte de su población, vaga sin destino en busca de una oportunidad de vida, de trabajo, lejos de su patria, de su historia.
La cobardía e indiferencia de nosotros los colombianos ha consentido y permitido situaciones de horror que son una deshonra y un estigma, casos de corrupción como: Reficar, los dineros de la salud, Cartel de la Hemofilia, Interbolsa, Carrusel de la Contratación, Cartel de la Toga, Vía al Llano, Hidroituango, Internet para poblaciones vulnerables, PAE, y tantos, tantos robos que no habría papel donde escribirlos, y nosotros seguimos indiferentes y tranquilos.
Con indiferencia vimos como muchos, miles de campesinos, fueron desplazados por la violencia y obligados a abandonar sus tierras, las mismas que bajo triquiñuelas judiciales fueron tituladas a grandes terratenientes, a políticos, a familias de clase alta que ante la connivencia del estado se convirtieron en sus dueños mientras que los verdaderos propietarios hoy son habitantes de cinturones de miseria de las grandes ciudades del país condenados a la delincuencia, a la pobreza absoluta, a la esclavitud, al olvido.
Por esa indiferencia, 6402 jóvenes de clases populares, fueron asesinados por el Estado y presentados como delincuentes sin que se haya hecho justicia y condenado a los ejecutores de este delito.
Nos cambian las leyes y las disponen a su amaño, a su conveniencia; se reparten los bienes del país mientras que una gran mayoría de la población está en la miseria, gracias a nuestra pasmosa indiferencia que nos tiene anestesiados sin poder actuar con la dignidad y prontitud que requiere tanto abuso, tanta ignominia.,
Se entrega la soberanía de nuestra tierra, su suelo, sus bosques, sus recursos a manos extranjeras, están acabando con nuestras raíces, con nuestra historia y no decimos nada.
Esto es indiferencia, y las horrorosas consecuencias que ella nos trae, son cada vez más incontrolables, más desastrosas.
Así, lo que le pasa a los pueblos en su vida política y social no es más que el resultado de la indiferencia y cobardía de sus gentes; de la vida acomodada de unos pocos que buscan mantener, a como dé lugar, sus privilegios así sea asociándose con los tiranos, con quienes ostentan el poder y lo imponen a la fuerza.
La indiferencia nos hace indolentes no importa que a nuestro alrededor haya miseria, pobreza, abandono de los más vulnerables, aún sabiendo que los recursos del país son manejados con corrupción, con clientelismo, con sobornos, con componendas.
Somos indiferentes ante el amor verdadero que nos llega y lo confundimos con halagos, con situaciones momentáneas que nos llevan a decidir nuestra vida sin ver las consecuencias que nos trae.
Indiferentes a los silencios interminables con nuestra pareja, con nuestra familia, con nuestros hijos y al final, nos quedamos solos, muy solos.
Indiferentes a las situaciones conflictivas de convivencia que gritan a voces el horror de la relación que vivimos.
Indiferentes ante lo que nos sucede a diario en este país que amamos y así dejamos que la injusticia, la corrupción, el abuso se campeen sin control y no vemos que esta tierra tan nuestra, la están destruyendo, la están mancillando.
Si seguimos así en esta indiferencia, muy pronto esta Patria donde se guardan las raíces de los nuestros, de lo que somos: será una historia de horror que enlutará nuestra alma .



