La atenida de Marta Lucía

Óscar Sevillano / Columnista

No me explico que le habrá pasado a la doctora Marta Lucía Ramírez, puedo decir sin vacilación que no es la misma persona que conocí, y por la llegué a sentir un profundo respeto. Luce desubicada y habla de los colombianos que la eligieron para el cargo de vicepresidenta de la República, en forma grosera e irrespetuosa.

No de otra manera se puede calificar la manera en como la vicepresidenta le aconseja al pueblo colombiano a “no estar atenidos a ver qué hace el Gobierno por cada uno de nosotros”. Parece que a la funcionaria se le olvida que actualmente, ella ocupa un cargo sin funciones y que debe estar atenida a que los ministerios y entidades que el presidente dejó bajo su coordinación, produzcan los resultados que da a conocer, pero que corresponden a los frutos de un trabajo que hicieron otros.

Debe ser por eso que pretendía tomarse la alianza entre la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría, donde quería llegar como la mejor de las paracaidistas, para sacar pecho por una lucha contra la corrupción que ejecutan otros, como buena atenida, fiel a la manera en cómo actúa también con la labor que hacen los funcionarios de las oficinas de la Alta Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer y de la Secretaría de la Transparencia, donde, según me cuentan las fuentes que consulté, sus dos asesoras (Mirta y María Elena), permanecen encima de los resultados obtenidos en las tareas que estos ejecutan, para entregárselos a ella, para que así la vicepresidenta pueda sacar pecho en cámaras y micrófonos, impidiendo que las personas a cargos de estas dependencias lo hagan.

Ninguno de los colombianos que nos levantamos todos los días para sudar el pan diario, podemos estar atenidos a lo que desde la Casa de Nariño puedan hacer por nosotros señora vicepresidenta, mucho menos teniendo en cuenta que estamos bajo un Gobierno que toma decisiones tarde, que no da pie con bola, que a diario miente, que todo lo retrasa y que lo poco que hace, lo hace a medias.

Me permito recordarle señora Marta Lucía, que usted puede disfrutar todos los días de platos exquisitos, gracias a que hay miles de campesinos colombianos que se levantan todos los días en las madrugadas a cultivar la tierra, para que personas que como usted, que poco saben de lo duro y desagradecido que es este trabajo, puedan comer a manteles y tener un amplio menú de platos para escoger.

Como entenderá, estas personas que viven en humildes casas en veredas y municipios apartados, no son precisamente unos atenidos, ni están esperando a que desde la Casa de Nariño se les arroje las sobras de la cocina. Ellos viven de su trabajo y del sudor de su frente y es una labor digna de admirar. Ellos, a diferencia suya señora vicepresidenta, no acostumbran a vivir de un sueldo que sale de los impuestos que millones de colombianos debemos pagar, ni realizan viajes en clase ejecutiva con tiquetes pagados con recursos públicos.

Ahora, si hablamos de las ciudades señora vicepresidenta, le cuento que en ellas también vivimos millones de personas que trabajamos todos los días, sin estar a la espera de que el Gobierno Nacional haga algo por nosotros, porque somos personas trabajadoras, que no tenemos ningún problema en ponernos las botas y la camiseta para salir a luchar el pan de todos los días.

No sé si a la vicepresidenta de tanto codearse con la alta sociedad, se le olvidó como es el colombiano del común. Tampoco sé si la frase hiriente y déspota que pronunció en medio de una entrevista con el periodista Juan Diego Alvira para Noticias Caracol, corresponde a lo que piensa, a la percepción que tiene de la población del común. Me daría mucha tristeza si llegase a confirmar que es así, porque esta no es la Marta Lucía que vimos en campaña, ni mucho menos la Marta Lucía que conocí y con la que tuve la oportunidad de dialogar en muchas ocasiones.

@sevillanoscar

Esta columna fue publicada originalmente en / Confidencial Colombia

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