• El vacío de la existencia

    ¿Cuál es el propósito de la vida? Esta es una pregunta fundamental que los seres humanos se han formulado desde el momento en que empezaron a tener conciencia sobre las consecuencias que se derivan de cada uno de sus actos. Cuando Sara llegó por primera vez a consulta, esta inquietud rondaba su cabeza, con especial intensidad en los últimos 3 meses. Al hacer un análisis sobre lo que han sido sus 39 años, llegó a la conclusión de que a pesar de los dos hijos adultos que tiene, de haber estudiado una carrera universitaria que jamás ha ejercido porque su pareja se lo ha impedido, no le encuentra ningún sentido a lo que hace y por esta razón prefiere estar encerrada en casa, rumiando el profundo resentimiento que experimenta hacia su esposo por “no haberle permitido trabajar” y hacia su madre por “no apoyarla cuando ella quería separarse para terminar con la infelicidad que experimentaba en el matrimonio”.

    Le dijo al terapeuta que ya tenía definida la manera de acabar con su vida, así no solo se liberaría de ese vacío que experimenta, sino que se lograría vengar de sus dos verdugos, porque según piensa, lo “más seguro es que se van a sentir culpables por el resto de sus días por el mal que me han hecho”. La historia de Sara, tal como ella la relata, también he tenido la oportunidad de escucharla –con matices distintos– en muchas personas que tienen un elemento común: una profunda insatisfacción, un sinsentido para seguir adelante con su vida. El reconocido psiquiatra estadounidense Aaron T. Beck, uno de los más consagrados al estudio de la depresión y los fenómenos ligados a ella, como es el caso del suicidio, hace un planteamiento que ha sido acogido por los investigadores en casi todo el mundo.

    Dice el Dr. Beck que el deprimido presenta una distorsión con respecto a su autovaloración y a la percepción del mundo, algo que él denomina la triada cognitiva de la depresión, que consiste en tener una visión negativa de sí mismo, del mundo y del futuro. El monto de sufrimiento es de tal magnitud, que muchas personas consideran el suicidio como la única salida ante tanto dolor. La vida es un verdadero milagro y se debe luchar para preservarla; sin embargo, la principal motivación para su disfrute se encuentra al interior de cada individuo; nadie más que uno mismo puede encontrar ese motivo. El propósito de vida es personal, y siempre habrá una razón –por imposible que a veces pueda parecer– para continuar explorando ese gran misterio que constituye la existencia humana.

    Uriel Escobar Barrios, M.D.

    www.urielescobar.net

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