El suicidio: ¿asunto filosófico o de salud?

En el artículo anterior, que titulé “La dolorosa realidad del suicidio”, hacía un análisis acerca del incremento que ha tenido en los últimos años el suicidio en el mundo, Colombia, Risaralda y Pereira. Analizaba este fenómeno como un indicador de la deteriorada salud mental de la población y me interrogaba sobre en qué aspectos estábamos fallando como sociedad. Recibí muchos comentarios de personas que leen estas reflexiones, y me llamó especialmente la atención la opinión de un escritor que expresaba lo siguiente: “No estoy en contra del suicidio No estoy en contra ni a favor de nada. No tomo partido. Si el suicidio sucede en un adulto, me parece razonable. No me causa asombro. Lo entiendo. La realidad es terrible, espantosa. Oprime. Enajena. Enferma. Mata lentamente. No hay nada que hacer. Es una fuerza superior. No es su caso, pero los que tratan sobre el suicidio no han vivido. Lo que ha de suceder, debe suceder ahora. El presente es apremiante. De todas maneras vivir más, vivir menos, no es relevante. No tiene importancia”.

 

Se me vino a la mente la manera como el genial escritor y filósofo franco-argelino, Albert Camus inicia su obra, el mito de Sísifo. “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Grandes pensadores desde la Grecia antigua, terminaron sus vidas por esta vía. La lista es muy larga y por solo mencionar los que lo hicieron antes de la era cristiana: Anaxágoras; Empédocles; Demócrito; Sócrates; Hegesias; Zenón; Cleantes; Dionisio; Séneca. Muchos otros, como Schopenhauer; Nietzsche; Dostoievski y Cioran; consideraron el suicidio como una respuesta al sin sentido de la vida. 

A mi querido amigo le manifiesto que las disertaciones filosóficas o literarias del suicidio son muy interesantes y siempre serán una fuente inagotable de diferentes posturas. Pero no es a ese tipo de suicidio al que hago referencia como especialista en salud mental. ¡No! Me refiero es, a las 800000 personas en el mundo, y a las 2550 que lo hicieron en Colombia en 2019. Le puedo asegurar que el 99% de ellas, jamás se han preguntado sobre el sentido de sus vidas, porque viven abrumadas porque su pareja la rechaza, porque no han conseguido los mismos bienes económicos de otros o porque padecen una severa enfermedad mental llamada depresión. Ese 1% restante, que son los filósofos y artistas siempre se suicidaran, como lo han hecho y lo seguirán haciendo a lo largo de la historia humana, pero ellos no constituyen un problema de salud pública.

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