Se han vuelto adictos. Desde hace 4 años, está la cacería dispuesta. ¡Con todos los fierros!
No buscan monstruos sino el patrimonio de la ciudad. Entidades inhiestas, firmes, levantadas con decencia y una palabra que escaseó: decoro.
Aquí no hay lugares vedados, ni desiertos, ni zonas verdes sino emboscadas urdidas con politiquería. Con rastrojo. No hay zonas prohibidas. Sus seguidores están dispuestos – como lo dicen las reglas virtuales – a atrapar empresas y buscarle la caída a quienes han dado lustre a esta capital cafetera.
No puede ser sensación aquello que todo vale desde sus cápsulas inteligentes ideadas con consejeros convertidos – muchos de ellos- en “monstruos de bolsillo”. Que se dejan arrasar y seducir por trampas costosas. Se reúnen en la casa del congresista como director engolado de orquesta, opinan, determinan, fijan condiciones y nombran emisarios como quien canjea la suerte de la ciudad misma. Tiene “obreros” de relojera empujados por el Ministerio aquél y por “patronos” dóciles que entierran sus fauces al pastel infernal en esa terrible búsqueda de Pokémones callejeros. Obstinados por derribar lo construido con cimientos morales de patricios y de una herencia pulcra sembrada en tierra fértil.
No es tecnología, ni ciencia ficción, ni un aplicativo: es el mundo real en la tramoya cierta que registra COMFAMILIAR (250 mil millones de pesos para cualquier ojo vidrioso, cerca de 2 mil empleados y 15 mil viviendas entregadas, 21 mil estudiantes, una universidad con 4 carreras, activos en muchos frentes) Muchos proyectos por liderar pero otros interesados en las inversiones que llegan para la rentabilidad mezquina.
En esa “masa colosal de jugadores” hay votos. Poder, exclusión. Un casino abierto en un viernes millonario para “quienes cambian de entretenimiento todos los días”. No hay restricción alguna en esa tuerta búsqueda por llegar al pódium.
El sistema operativo Android actúa con fuerza, en ese torcido placer, “escrutando paredes y aceras”. Despachos privados, públicos, contubernios, destruyendo patrimonio y prestigios con “ejecutivos” o empresarios de monte que se prestan para el sorteo. Es una marca propia.
Grave la indiferencia por la institucionalidad misma. La falta de respeto por la autonomía de COMFAMILIAR y el nefasto proceder por quienes son ajenos a respetar relevos dentro de moldes de la decencia. Agregan nombres de vergüenza y otros que se prestan para el bingo o el baloto. ¡Van por COMFAMILIAR! Aglomerados por la piñata.
Parodiando a EL TIEMPO, en la descripción que corrobora el ejemplo, aquí pasa igual: “la búsqueda a cualquier precio de estos monstruos para añadirlos al bestiario personal de cada uno ha dado lugar a escenas insólitas”.
Cotizados como Pokémon Company. Con cara de piratas informáticos para destruir valor y parte de la historia izada de Pereira. Como una burbuja letal tirada al aire para contaminar el ambiente.
Pokémon Go:¡por COMFAMILIAR! ¡No quieren nada!


