• Conexión humana

    Una de las características principales en la evolución histórica de las sociedades humanas ha sido la capacidad para trabajar de manera conjunta en la búsqueda de unas metas encaminadas a lograr el bienestar del individuo y de la comunidad. Las primeras evidencias de la existencia del Homo sapiens son concluyentes en el sentido de que ellos vivían en comunidades organizadas para conseguir el sustento de toda la manada a través de actividades agrícolas o de cacería. Desde esas remotas e incipientes organizaciones han transcurrido cerca de 200.000 años, se han producido grandes cambios en los entornos y los ecosistemas, los cuales se han constituido en los acicates del desarrollo y las complejidades que caracterizan a las sociedades modernas. La cohesión entre los integrantes de las comunidades permitió que ante adversidades -como, por ejemplo, las sequías o los fríos extremos-, se produjeran desplazamientos masivos hacia sitios más propicios para la supervivencia colectiva.

    La especie humana se ha caracterizado evolutivamente por su gregarismo. ¿Qué implica esto? Que existen unas señales de comunicación que permiten el relacionamiento entre los integrantes del colectivo. Los etólogos Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen estudiaron con gran rigurosidad científica el comportamiento comparado de diferentes especies animales y nos dieron luces sobre la larga evolución filogenética de ciertas respuestas no aprendidas  que exhiben los animales en su encuentro con otro de su misma especie. Cuando investigadores de diferentes laboratorios del mundo, especialmente en EE. UU., empezaron a investigar los efectos que tiene en una persona el hecho de establecer un contacto físico con otra, llegaron a conclusiones sorprendentes.

    Estos científicos hallaron que cuando una persona conocida abraza a otra, o le da una palmada cariñosa, o le expresa palabras de afecto, en ambas se produce una serie de reacciones vinculadas con el bienestar; pero los descubrimientos van mucho más allá: no es solamente el aspecto psicológico o emocional de estar bien y sentirse más optimista frente a la vida, ¡no!; también se producen reacciones orgánicas, como el aumento de las defensas naturales, lo que da una mayor inmunidad contra las infecciones, la disminución del dolor y las afecciones dependientes del estrés. Una sustancia denominada oxitocina, o la hormona del abrazo -como se le ha llamado coloquialmente-, es la responsable de esas respuestas maravillosas que se producen en el ser humano. Conéctate, abraza, y seguro vas a necesitar menos medicamentos para las dolencias que aquejan tu cuerpo y tu mente.            

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    Uriel Escobar Barrios

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