Las corrientes de aire que se generan en las cuencas de los ríos Consota y Otún, y que se elevan sobre la ciudad, son uno de los factores por los cuales se evidencia la presencia de gallinazos sobre el sector del aeropuerto Matecaña.
“Ellos gastan poca energía al volar, y por lo tanto aprovechan estas térmicas (corrientes de aire) para planear”, explicaron los funcionarios del área de Gestión Ambiental del Aeropuerto.
En efecto, los gallinazos, las torcazas, los alcaravanes y las golondrinas son las aves con las que más tienen que lidiar los profesionales de apoyo del Aeropuerto, que se encargan del peligro aviario y control de fauna, en aras de brindar la seguridad en las operaciones aéreas (despegue y aterrizaje).
Pero no solo deben ponerles cuidado a las aves; las medidas de control se extienden a los zorros (en Pereira se ha detectado gran población de estos mamíferos), las tairas, zarigüeyas, serpientes, iguanas, perros y gatos que rondan el aeródromo pereirano.
En materia de aves, estas se dividen en temporales y permanentes: las temporales obedecen a las bandadas de aves migratorias que pasan por Pereira en los meses de abril y octubre, provenientes del Norte y de Sur de América, y las aves permanentes son las ya reseñadas.
Por normativas ambientales que son complejas de aplicar en los aeropuertos, el control a estas aves ya no se hace a través de la cetrería biológica (halcones u otras aves entrenados para la volatería), y por costos, también se ha venido rezagando la cetrería robótica, que no es más que un aeromodelo en forma de pájaro.
Para ahuyentar a las golondrinas, que ocupan el primer lugar en impactos con aeronaves en Pereira, así como a los alcaravanes, torcazas y gallinazos, el área de gestión ambiental del Aeropuerto dispone de otros elementos, como cañones que funcionan con gas propano, pirotecnia y pistolas que cumplen con su cometido de dispersar a estos animales. Ninguno de estos elementos hace daño al ser humano.
“Nosotros disponemos de tres operarios que cumplen un turno de 5:30 a.m. a 9:30 p.m., y que están pendientes de cada operación (despegue y aterrizaje), y en contacto permanente con torre de control y otras áreas que también les pueden advertir sobre la presencia de fauna en tierra o aire para actuar”, explicó Ana María Ocampo Cruz, profesional de apoyo en gestión de fauna, del Aeropuerto Matecaña.
Los operarios de pista disparan sus armas para hacer huir a las aves mediante sonidos especiales que aquellas emiten. “Debemos variar constantemente los métodos o hacerlos espaciados para que las aves no se acostumbren a estos sonidos, lo que impediría el efecto deseado”, añadió Juan Manuel Vásquez Correa, profesional en gestión ambiental.
FAUNA TERRESTRE
En las noches se instalan trampas en los alrededores de la pista para cazar la fauna terrestre, que al igual que la aviar, fue identificada con un censo realizado entre octubre de 2014 y abril de 2015, y que arrojó la presencia de los animales aquí descritos.
“Cuando uno de ellos cae en las trampas (jaulas de mediano tamaño) se coordina con la Cárder para tomar una decisión de adonde se llevan. En ningún momento se lastima al animal”, aclararon.
La poda de zonas verdes, la eliminación de arbustos atrayentes, la erradicación de la maleza, la detección de nidos de aves son otras de las medidas de control pasivo y activo que se hacen en la terminal aérea, y que se suman a las visitas que hacen funcionarios del Aeropuerto en conjunto con la Cárder a sitios atrayentes de gallinazos (Parque Consotá, Bioparque Ukumarí, relleno sanitario, empresas avícolas, empresas de sacrificio de animales, etc.) para mitigar la presencia de aves, especialmente gallinazos en la zona de influencia del aeropuerto, que técnicamente es de 13 kilómetros a la redonda.
Representantes de estas empresas, de las aerolíneas, otras dependencias del aeródromo, secretarías del orden municipal y la gerencia del Aeropuerto tienen asiento en el comité interinstitucional para la prevención del peligro de aves y otra fauna, que se reúne cada tres meses, y en el que se monitorea el trabajo del aeropuerto Matecaña para favorecer, desde ese punto de vista, la seguridad en las operaciones.
“No hay forma de compararnos con otros aeropuertos del país en el manejo ambiental, porque las condiciones de cada aeropuerto son muy particulares; en Bogotá son otros animales los que rondan ElDorado; en Leticia el control es a los loros; en la Costa son aves propias del mar, etc., dijo Luis David Martínez, profesional de apoyo en seguridad operacional.
No obstante, el Aeropuerto Matecaña enfatiza en sus acciones ambientales, con el fin de garantizar que aves o fauna terrestre no pongan en riesgo las operaciones aéreas.

