Ama de todo. Ama de nada

Para muchos, las labores que realiza la mujer en el hogar no se constituye como un trabajo.

Ante la pregunta ¿qué hace su señora, en qué trabaja su mamá?, la respuesta más natural es: no trabaja: es ama de casa.

¡Qué ironía!. No trabaja y es la primera que se levanta y la última que se acuesta.

No trabaja y prepara alimentos, lava y aplancha la ropa de toda una familia,

recoge el desorden que todos hacen, arregla la casa, baña y dispone sus niños y los lleva a la guardería y al colegio, va al mercado, a citas médicas y a reuniones escolares; paga facturas, hace mandados, que le encargan los demás miembros de su familia, hace tareas con sus hijos, cumple jornadas extenuantes de casi 18 horas diarias y al final, rendida y sin fuerzas, cuando lo que desea y necesita es un abrazo, alguien con quien hablar un momento, en quien refugiarse y sentir que no está sola, un detalle de amor; muchas, deben cumplir sus deberes conyugales para mantener la estabilidad de su relación, para atender a su pareja, así no esté dispuesta, no lo desee, mientras que otras: las madres solteras y abandonadas de sus compañeros, esconden en la oscuridad de la noche su soledad y su impotencia para volver otra vez a empezar su faena de entrega y de amor en el nuevo día que ya llega.

Estas mujeres lo único que saben es que tienen unos hijos que las necesitan, unos hombres que la poseen e ignoran, un hogar que las reclama y un corazón: el suyo, solo, muy solo.

Parece que ser ama de casa, ejercer labores domésticas: significa no hacer, no saber, no resolver, no decidir, no actuar, no aportar, no producir.

Es doloroso este estigma y desconocimiento al trabajo inmenso de la mujer ama de casa en Colombia. Esta es la realidad de millones de mujeres amas de casa, señoras de hogar, mujeres que atienden en las plazas de mercado, las que salen a buscar su sustento en los semáforos de las grandes ciudades, caminando sin parar miles de kilómetros al día, corriendo detrás de los carros, ofreciendo sus productos y entregando su vida.

Mujeres campesinas olvidadas en los campos hermosos y productivos de esta tierra sin ley y sin justicia. Mujeres excluidas de un trabajo digno: víctimas de discriminación salarial, acoso laboral, violación y maltrato. Mujeres sin títulos académicos pero sabias y competentes, grandes y decididas. Mujeres que sin saberlo son portadoras de las competencias más buscadas por las grandes empresas como condición indispensable para desempeñar cualquier profesión y oficio, esas que denominan hoy «habilidades blandas» que no son más que saber, saber ser, saber hacer, saber relacionarse, saber decidir, saber solucionar, saber compartir y comunicarse.

El Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana (2017), «definió las ocho competencias laborales que desarrollan las mujeres en casa y que podrían ser muy valoradas en el mercado laboral, pero que parecen ser invisibles al sector empresarial.

1- Piensan y actúan en función de las necesidades de su familia, lo que se traduce en una empresa como“orientación y servicio al cliente”.
2- Por su trabajo en el hogar son un referente a seguir por parte de los miembros de la familia, lo que viene a ser “liderazgo organizacional”.
3- Se ganan la confianza de los hijos y esposo gracias a su coherencia entre lo que dicen y piensan, validando su “integridad y lealtad”.
4- Para atender las necesidades de toda la familia, en especial la alta demanda que exigen los recién nacidos o niños pequeños en cuestión de tiempo, esfuerzo y dedicación, generan gran capacidad de “eficiencia laboral”.
5- Son capaces de organizar a los hijos y esposo, según las capacidades de cada uno, desarrollando así la competencia de “trabajo en equipo”.

6- Terminan aprendiendo a escuchar y a tener empatía, gracias a su «capacidad de comunicación».
7- Potencian las necesidades de su familia y ven oportunidades en los demás que quizá nadie más ve, generando así “visión de negocio”.
8- Son expertas en autoconocimiento, autocrítica y tienen voluntad de aprender, lo que las lleva a una “mejora personal constante».

Este estudio nos muestra las grandes capacidades de la mujer que son inocultables a pesar de que en este país de desigualdades, de injusticias se quiera desconocer su obra, su mision de grandeza.

Si no fuera por la obra silenciosa y constante de nuestras mujeres mas humildes, mas excluidas y olvidadas ya ni existiriamos como sociedad, porque quiéranlo o no, en ellas reposa los cimientos de nuestra historia, de nuestra raza.

«No es esta sociedad adormecida y ya acostumbrada a la desigualdad y la corrupción, la que reivindicará los derechos de las mujeres en Colombia, somos todas las mujeres: juntas, unidas, con nuestras competencias, con nuestros dones y talentos, quienes podremos cambiar el rumbo desesperanzador de nuestra tierra y ofrecer a nuestros hijos una patria más digna, más nuestra.

¡Si las mujeres actuáramos con decisión y valentía: otro sería el camino de esta patria que amamos, otras las oportunidades, otra la vida, otro el futuro; otros los ciudadanos de bien que dejarían en vergüenza y en el olvido a los corruptos que ahora que nos gobiernan!.

¡Compartelo! 😃

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio