La política huele a encuesta. Suda encuesta. A guerra de periodistas por saber quien contrató menos. Huele a duda. Me reafirmo: faltan nuevas piruetas electorales (léase volteadas o convulsiones, como las llamo desde hace años).
Hay movimientos para sonrojar y en la escala técnica otros de acuerdo con la metástasis política. Con el desorden y la anarquía surgida del mundo laberíntico que es la política.
No es nuevo en la des institucionalización banderiza que flamea. Las encuestas son un detonante que empuja al ciudadano a arrimarse.
Un periódico resuelve motu proprio acoger una encuesta cancelada con factura diversa y no aclara el origen. Sus promotores la habían anunciado para el 5 de septiembre y la adelantaron 15. Pareciese que todo da lo mismo. Esta semana llegarán otras a calentar el ambiente político cuando entramos en los dos meses finales de campaña.
Hay que leer con lupa el N/S y N/R, si existe voto blanco preguntado o cuál es la franja de indecisos. Decirle al electorado el universo consultado por franjas de edades.
Es cierto que hay resultados que se cierran y otros que se abren. Que surgirán otras mediciones que contrastan resultados.
La gente quiere seriedad y capacidad de análisis y no manipulación. La encuesta no puede asaltar al ciudadano. No puede tener máscara. Debe ser verdad.
Todo esto para señalar que las encuestas han disparado el llamado Club de los Dragones que habitan en cada directorio como un estilo de vida ponzoñoso. De apretar al candidato para que afloje billete y se lo consuman vivo.
De eso están llenos: de tragones de la política que hacen su octubre al amparo de los rayos de la democracia costosa que se mimetiza en vallas, recursos ilimitados, apoyos clandestinos y “líderes” con y sin credencial que acomodan al electorado como un rebaño adiestrado.
Faltan partidos es cierto. Líderes que piensen en mejores ciudades. En desarrollo sostenible para las regiones. En programas viables con recursos claros. En programas de gobierno que se olvidan y ciudadanos que abandonan el control a ejercer veedurías limpias por la misma calidad de su voto.
Ir a las urnas no es depositar el voto como manada. Es conciencia desde el concejal o diputado que se elige hasta el alcalde o gobernador que se selecciona.
El voto útil. Que elimina peajes o compra bonos electorales para el mañana. El que no ve en la máquina desgobierno o tumultos de ciudadanos parcelados.
Hay que dejar atrás el vicio enfermizo de estar ajeno a las propuestas, a los ideales y a la historia de vida de los propios candidatos. De las juntas departamentales o municipales y no nido de cuervos que te matan a picotazos.
Hay que elegir buenos candidatos y no prontuarios o arrepentimientos.



