RAM / Durante su homilía en la ciudad de Medellín, el Papa Francisco aseguró que nadie viene al mundo sin una meta definida y manifestó que en la diversidad y riqueza de vocaciones, cada ser humano debe descubrir cuál es el sentido de su vida para vivir un compromiso de la construcción del reino de Dios.
El Papa, en su mensaje de la Santa Misa, hizo varios enunciados para el discipulado.
“La inquietud que debemos tener es preguntarse qué es lo que le agrada a nuestro Dios, que no es otra cosa que cumplir y caminar detrás de él, un transitar que lo ponía frente a leprosos, paralíticos y pecadores. Realidades que demandaban mucho más que una norma establecida, y es que la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes. Por eso debemos tener tres actitudes esenciales: ser esenciales, renovarse e involucrarse”, expresó.
El Sumo Pontífice explicó que ser esencial es no tener un discurso estático, si no un camino constante hacia Cristo: “La experiencia del aprendizaje al Señor es que la escucha de la palabra se imponga sobre las necesidades de nuestros hermanos”.
Sobre la renovación dijo que es zarandearse para dejar las comodidades y apegos: “La renovación no nos debe dar miedo, la iglesia siempre está en renovación, no se renueva a su capricho, sino firme y fundada en la fe”.
Mientras que sobre el involucrase anotó que para algunos pueda ser ensuciarse o mancharse, pero que hoy se nos pide como discípulos crecer en arrojo y coraje evangélico, los cuales brotan de saber que son muchos los que tienen hambre: “Hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados. Y como cristianos debemos ayudar a que se sacien de Dios, no impedirles o prohibirles ese encuentro”.
El Papa aseguró que “La Iglesia no es nuestra, hermanos, es de Dios. El es el dueño del templo y del sembrado. Todos son invitados a encontrar aquí su alimento. Dios manda a buscar a todos, sanos y enfermos, buenos y malos, nosotros no podemos impedir ese encuentro con Jesús, al contrario, como lo hizo a sus discípulos: denles ustedes de comer, comer el pan de Dios, comer el amor de Dios, este es nuestro servicio”.
“Hermanos y hermanas, la Iglesia en Colombia está llamada a empeñarse con mayor audacia en la formación de discípulos misioneros que sepan ver, hablar y actuar desde el Corazón de Jesús, comprometidos y actuando”, finalizó en su homilía el Papa, ante más de un millón de fieles que presenciaron la ceremonia en el Aeropuerto Olaya Herrera.


