Al mediodía de este jueves, los promotores de la revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa se manifestaron por primera vez en la calle. La marcha entre el Parque Nacional y la calle 90, en una jornada llamada “La estampida”.
Cabe recordar, que en 1999 en su primer mandato Peñalosa enfrentó una situación similar, pero logró terminar sus años de administración.
El grupo que promueve la revocatoria, comenzó a organizarse en noviembre pasado, dos meses antes de que Peñalosa se posesionara. Leonardo Puentes, impulsor de la iniciativa, admite que estaban predispuestos: “Desde hace 16 años sufrimos su primera administración. Sabíamos lo que iba a pasar con la ETB, el metro y la reserva Van der Hammen”, dice.
El fundamento, tiene que ver con el plan de gobierno que el alcalde radicó ante la Registraduría el año pasado como candidato no incluía la venta de la ETB, es decir, los ciudadanos aseguran que Enrique Peñalosa le mintió a la ciudad.
A eso le han sumado otras apuestas como la de intervenir la Reserva y modificar el diseño del metro. Legalmente, están pegados del artículo 65 de la Ley 134 de 1994, que establece los mecanismos de participación ciudadana. Allí se indica que, entre los motivos para justificar la revocatoria, no sólo cuenta el incumplimiento del plan de gobierno, sino “la insatisfacción general de la ciudadanía”.
Las encuestas hasta el momento no han dejado bien parado al mandatario, todo lo contrario, se siente el sabor de inconformidad, incluso en aquellos que votaron por él. En marzo, Gallup y Cifras y Conceptos hicieron los primeros cortes de cuentas. La primera concluyó que el 55 % de los ciudadanos desaprobaban la gestión, mientras que en la segunda osciló entre el 76 y el 91 % de desaprobación, dependiendo del campo evaluado.
El mandatario tiene a su favor que, como apenas empieza a gobernar, le queda tiempo para demostrar ejecuciones que calen de forma positiva en los ciudadanos. Él aseguró, que no está preocupado por las encuestas, sino por poner en marcha decisiones que considera benéficas para la ciudad, por más que sean impopulares.
Lo que viene, así, será una tensión, por un lado, entre quienes se volcarán constantemente a las calles, y por el otro, la puesta en marcha de un modelo de ciudad que, independientemente de que guste o no, no pasará inadvertido ni siquiera para los más desinteresados de la cosa pública, debido a la gran cantidad de cambios que propone.
La ciudad ya vivió un episodio similar en la primera administración del funcionario (1998-2000). En 1999, su impopularidad alcanzaba el 85 % y enfrentó un proceso de revocatoria que finalmente se cayó porque la Registraduría anuló la mayoría de las firmas radicadas.
Los actuales promotores para iniciar el proceso deberán presentar mínimo 271.818 firmas, equivalentes al 30 % de la votación que obtuvo el alcalde, como lo exige la ley. La recolección de esos apoyos deberá comenzar en enero de 2017, un año después de la posesión, y el plazo es de seis meses. En las urnas deberán votar, como mínimo, 1’092.229 personas, y el alcalde será revocado si votan a favor unas 546.115.
Vale recordar que en el país nunca ha prosperado un proceso de estos.
Fuente / Hsb Noticias


